Me asomo por la ventana mientras
observo el reloj, ya es casi mediodía y aún no termino de vestirme, creo que a
lo mejor no deseo ir a clase hoy, mi uniforme todavía está sobre la cama
mientras noto que desde la acera miras mi cuerpo.
Sonríes y mi rostro sonrojado
delata lo mucho que me agradas. No es la primera vez que te veo y presiento que
debajo de esos pantalones hay una polla celestial. No sé cómo lograste subir, a
lo mejor timbrando en varios pisos hasta que algún vecino te abrió el portón,
sólo sé que al tocar mi puerta jamás imaginé que frente a mi te encontrarías.
-Veo que me esperabas, hace calor
y sé requieres despojarte de tu uniforme -. Dices.
Tus palabras traspasan mis oídos
y mi piel responde a tus deseos. Mis labios buscan los tuyos, nos besamos tan
fuerte que podía sentir tus dientes chocar con los míos, tu lengua dentro de mi
buscaba introducirse bien adentro de mi garganta. Tus manos ajustadas a mi
cuerpo abrían suavemente los botones de mi camisa, querías llegar a mi sostén
blanco. Me giras y quedo de espaldas, tus manos aprietan mis tetas y bajan
levantando la falda para llegar a mi bragas, metes tu mano, ya estoy mojada,
mis manos tan solo tocan tus brazos para autorizar que sigas.
Contra la ventana me pones y
haces que suba una de mis piernas sobre una butaca, retiras mi panti y comienzas a besar mi culito,
siento tu lengua que rosa mi gallito y finaliza en el hoyo, mmm ¡quiero que me
lo metas! Te paras y ya tu pene erecto sin pensarlo se dispone a entrar; lo
entras y comienza el vaivén de nuestros cuerpos.
No puedo evitar derramarme,
sientes mis jugos y bajas nuevamente a chuparme la conchita, te bebes mis
líquidos mientras me metes tu dedo por mi culo, siento que estallo.
Me giro y me besas, quiero
chupártelo, me doy la vuelta y me agacho. Allí estas, ese pistón es todo para
mí, es tan grande que temo morir ahogada, me lo meto, siento líquidos que
salen, te meto mi lengüita por la mitad del glande, te chupo, te succiono, mmm,
te lamo; me encanta, es grande, duro.
Te lo cojo desde la raíz, apretó
tus huevos, mi boca entra y sale mientras tus manos halan mi cabello dándole el
compás a mi boca.
Sostienes tu pene para que pueda
pasar mi lengua una y otra vez, tus huevos en mi boca salen y entran, quiero
devorarte, estás delicioso, tus manos se desplazan suavemente por tu miembro.
Me llevas de la mano hasta el
sofá, te sientas y te abres, mientras arrodillada continuo chupándome mi bombón
Mis cabellos impiden que observes
cómo lo devoro, acaricias mi pelo para observar mi cara, me lo entro todo, no
dejo ni un centímetro por fuera, chupo tus huevos, tu hoyito.
Me paro y me pongo de espaldas
quiero que observes mi culo, que lo toques y desees penetrarlo.
Me tiras contra ti y sin dar
oportunidad a que reaccione, violas con tu polla mi huequito.
Mi cuerpo sube y baja, comienzo a
cabalgar, como un jinete que desea domar la bestia.
Mientras me penetras por el ano,
mis dedos acarician mis pechos y uno, dos, tres de mis dedos comienzan a
explorar mi casita, quería tocarte el chimbo desde adentro.
Me levantas y me tiras contra el
sofá, comienzas a golpear mi conchita, la rosas, metes los dos, tres, cuatro
dedos, quiero orinarme, siento estallar.
Mi cabeza hacia atrás y mi voz
delgada ante tanto gemido pide que me penetres.
Me levantas un pie contra tu
pecho mientras el otro descansa en el suelo, tu miembro entra a su casa y
comienza a incendiarla por dentro. Tu mano toca mis tetas tan duro que siento
como si quisieras llevártelas contigo.
Comenzaste a golpear fuertemente
mi chimba con tu chimbo, tan fuerte que mi gallo se endurecía cada vez más.
Entrabas y lo sacabas, era un premio y un castigo, los jugos inundaban nuestros
sexos.
Me sentaste y tu verga nuevamente
regresaba a mi boca, querías que te premiara y la verdad quiero quedarme chupándola
todo el día. ¡Me encanta tener tu mástil en mi boca, mmm!
Te acostaste y me monté encima de
tu pene, recto casó perfecto con mi cueva, mis brincos hacían que al bajar
sintiera cómo tu sexo golpeaba el mío, tus manos tocaban mis tetas y comenzaron
a pellizcar mi culo.
Nuevamente mi boca busca tu pene,
siento que mi cavidad está hecha para él.
Me volteas y me pones de rodilla
sobre el sofá, quieres nuevamente entrar en mi conchita y ella mojada, ansiosa
y ardiente está.
Entras y quemas, frotas, y es
sublime, mis manos tocan mi gallo, tocan sutilmente tu chimbo. Penetras duro,
me martillas una y otra vez, mi cabeza choca contra el espaldar, me encanta.
Mientras continúas el vaivén de
tu cuerpo, me agarras del cabello, me giras hacia un lado como si tuvieras un
timón, no tengo voluntad en mis movimientos, eres tú quien me doma.
Sin decirme nada introduces tu
macho en mi culo, me halas el cabello, aprietas mis tetas, me das palmadas en
mis nalgas, no puedo soportar más, me derramo a chorros mientras tu leche se
derrama dentro de mí.
No te vayas, hoy no quiero ir a
estudiar… quédate, volvamos a empezar.
¿Qué dices?
