domingo, 23 de marzo de 2014

REGALO DE CUMPLEAÑOS

Lo confieso, el festejar por ser más vieja no es para mí, pero Pamela insistía que no debería pasar por alto ese día. Así fue como llegó a casa pasadas las 7:00 p.m. con la cena preparada. Después de beber unas cuantas copas, conversar y bailar un rato; recibió la llamada de Ricardo un compañero de la facultad de medicina que hacía unos doce años no veía, le indicó que se marchaba de Barcelona al otro día, así que lo invitamos a pasar la velada con nosotras.

“Ricardo es uno de esos hombres difíciles de olvidar, durante la universidad follamos como locos, ¡su pene sencillamente es incomparable! me comentó Pamela.

Al llegar Ricardo, quien la verdad era encantador, me mataba la curiosidad, su pantalón dejaba ver un gran bulto, su boca, su voz, su piel, sencillamente me estaba obsesionando por quien apenas conocía.

No sé cuántas botellas descorchamos, sólo comencé a sentir las manos de Pamela que buscaban mis pezones por debajo de mi sujetador, y los labios de Ricardo en mi cuello. Mi coño comenzó a responder a sus estímulos, poco a poco entre los dos me despojaron de mi ropa y mi cuerpo sobre la cama yacía completamente desnudo. Pamela comenzó a retirarle la camisa a Ricardo mientras este besaba sus tetas, quería tocarlos, así que me aproximé y baje la bragueta para ver ese gran pistón que deseaba tener dentro de mi coño.

Al tocarlo percibí sus jugos producto de la excitación y vi a Pamela con sus tetas en la boca de mi víctima. Ya los tres desnudos, comenzó realmente una faena de cuerpos húmedos y ganosos.

Pamela acostada me ordenó poner mi coño sobre su boca, para lo cual mi lengua comenzó a jugar con su clítoris, de repente sentí que mi cuerpo no iba a soportar como me penetraba Ricardo mi culo, de un momento a otro dos personas invadían mis cuevas.

No podía dejar de moverme, mis labios gemían y mis dedos comenzaron a invadir el coño de Pamela, quería violar esa cajita rosada que se abría para mí y que ante tanta excitación quería ver húmeda. Pamela gritaba ante mis labios que la succionaban y lamían mientras la penetraba con mi lengua.

Ricardo me giró para tenerme boca arriba y cambiar papeles con Pamela. Ahora el me penetraba por delante, mientras Pamela, con su lengua sedienta exploraba la profundidad de mi culo. ¡humm que delicia! No podía soportar tantas sensaciones, creía que iba a estallar. 

Podía sentir como Pamela no sólo penetraba mi culo sino también cómo lamía el pene de Ricardo, solo con traer esa imagen me sentía la mujer más deseada, quería más, temía que se acabara.
En un segundo, Ricardo nos arrodillo ante su pistón, yo sólo deseaba seguir ayudando para mantenerlo firme, fue en ese instante cuando no pude contenerme quería tenerlo en mi boca, sacarle brillo a ese miembro que tanto placer me daba. Pamela tocaba sus huevos, sus labios comenzaron a chuparme las tetas, la lujuria reinaba en mi pequeña habitación.

Todos gemíamos,  la humedad de nuestro sexo competía ante la erección de ese gran volcán en mi rostro. La leche de Ricardo dejaba su rastro por mi cuerpo, aquel que se había entregado y quería más en mi gran noche.

Sólo puedo compartir que entre copas, risas y deseos los cuerpos, de los tres no dejaron de celebrar nuestro encuentro. Mi cuerpo una y otra vez se entregó al desdén de los amantes.  


CON LA BOCA ABIERTA

Cuando abrió la puerta para hacerme seguir a su consultorio odontológico quedé anestesiado por su belleza, porte y figura impactante; en otras palabras, quedé con la boca abierta antes de sentarme en el sillón para iniciar la consulta. Llegué accidentalmente por una emergencia ante la ausencia del profesional que usualmente me atiende.

Diana tiene 1.70 de estatura, curvas voluptuosas que se sugieren a través de la tela algo transparente de su uniforme profesional, cabello largo castaño oscuro, ojos negros, labios carnosos, provocativos, piernas largas, torneadas.
El profesionalismo y eficacia en el manejo de la emergencia me convirtieron en su cliente habitual de cada tres meses para realizar profilaxis.

Con el paso del tiempo generamos confianza, charlamos sobre temas de actualidad y en algunos momentos nos hacemos confidencias personales o nos pedimos consejo ante algún problema, dificultad o decisión de la vida cotidiana.

Asistía a cada cita con la emoción de verla y admirarla; sentir la cercanía de su cuerpo que a veces rozaba el mío, el calor de su aliento cerca de mi cara me generaba una gran excitación que ella notaba, no podía evitarlo.

En una cita la cercanía de su cuerpo fue mayor, sentí el roce de su seno derecho con mi hombro; no resistí más, alargué mi brazo, lo coloqué en su cintura, moví mi mano suave en círculos. Diana siguió trabajando y aceptó mis caricias.

Al terminar su trabajo, la apreté contra mí y acaricié sus senos turgentes por encima de la blusa de trabajo; ella colocó sus manos sobre mis hombros, dejó que bajara la cremallera y tocara los botones de sus pechos que ya estaban grandes y duros.  Desapunté su sostén y encontré dos melones calientes, suaves que recibían con entusiasmo el paso de mi lengua y mis labios por ellos; la respiración de Diana comenzó a agitarse y sentí cómo abría uno a uno los botones de mi camisa para pasar sus suaves manos por mi pecho.

La incliné hacia mí para que nuestras pieles se conocieran, disfrutaran y compartieran su calor,  mientras nuestros labios y nuestras lenguas se trenzaban en una lucha insaciable y apasionada.

No supe cómo ni a qué hora mi pito erecto recibía la caricia de sus manos y luego las lamidas de su lengua y la succión de sus labios que me enloquecían.
Mis manos, por debajo de su falda llegaron a su fuente de placer que ya estaba caliente y mojada; mis dedos se deslizaron en medio de sus paredes jugosas que con sus movimientos me invitaban a continuar y acelerar los movimientos.

Diana finalmente cabalgó sobre mí con pasión en una carrera desenfrenada mientras se agarraba fuerte al cabezal de la silla; sus movimientos profundos y rápidos en poco tiempo nos llevaron a un estallido inimaginable; luego colocó su cabeza sobre mi pecho mientras yo acariciaba suavemente su espalda sudorosa.


La energía, lujuria y pasión de Diana me dejaron con la boca abierta, aquella que cada tres meses espera ser estimulada para iniciar una búsqueda sedienta de placer en su sexo.