Lo
confieso, el festejar por ser más vieja no es para mí, pero Pamela insistía que
no debería pasar por alto ese día. Así fue como llegó a casa pasadas las 7:00 p.m. con la cena preparada. Después de beber unas cuantas copas, conversar y bailar
un rato; recibió la llamada de Ricardo un compañero de la facultad de medicina
que hacía unos doce años no veía, le indicó que se marchaba de Barcelona al
otro día, así que lo invitamos a pasar la velada con nosotras.
“Ricardo
es uno de esos hombres difíciles de olvidar, durante la universidad follamos
como locos, ¡su pene sencillamente es incomparable! me comentó Pamela.
Al
llegar Ricardo, quien la verdad era encantador, me mataba la curiosidad, su pantalón
dejaba ver un gran bulto, su boca, su voz, su piel, sencillamente me estaba obsesionando
por quien apenas conocía.
No
sé cuántas botellas descorchamos, sólo comencé a sentir las manos de Pamela que
buscaban mis pezones por debajo de mi sujetador, y los labios de Ricardo en mi
cuello. Mi coño comenzó a responder a sus estímulos, poco a poco entre los dos
me despojaron de mi ropa y mi cuerpo sobre la cama yacía completamente desnudo.
Pamela comenzó a retirarle la camisa a Ricardo mientras este besaba sus tetas, quería
tocarlos, así que me aproximé y baje la bragueta para ver ese gran pistón que
deseaba tener dentro de mi coño.
Al
tocarlo percibí sus jugos producto de la excitación y vi a Pamela con sus tetas
en la boca de mi víctima. Ya los tres desnudos, comenzó realmente una faena de
cuerpos húmedos y ganosos.
Pamela
acostada me ordenó poner mi coño sobre su boca, para lo cual mi lengua comenzó a
jugar con su clítoris, de repente sentí que mi cuerpo no iba a soportar como me
penetraba Ricardo mi culo, de un momento a otro dos personas invadían mis
cuevas.
No podía
dejar de moverme, mis labios gemían y mis dedos comenzaron a invadir el coño de
Pamela, quería violar esa cajita rosada que se abría para mí y que ante tanta
excitación quería ver húmeda. Pamela gritaba ante mis labios que la succionaban
y lamían mientras la penetraba con mi lengua.
Ricardo
me giró para tenerme boca arriba y cambiar papeles con Pamela. Ahora el me
penetraba por delante, mientras Pamela, con su lengua sedienta exploraba la
profundidad de mi culo. ¡humm que delicia! No podía soportar tantas
sensaciones, creía que iba a estallar.
Podía
sentir como Pamela no sólo penetraba mi culo sino también cómo lamía el pene de
Ricardo, solo con traer esa imagen me sentía la mujer más deseada, quería más, temía
que se acabara.
En
un segundo, Ricardo nos arrodillo ante su pistón, yo sólo deseaba seguir
ayudando para mantenerlo firme, fue en ese instante cuando no pude contenerme quería
tenerlo en mi boca, sacarle brillo a ese miembro que tanto placer me daba.
Pamela tocaba sus huevos, sus labios comenzaron a chuparme las tetas, la
lujuria reinaba en mi pequeña habitación.
Todos
gemíamos, la humedad de nuestro sexo competía
ante la erección de ese gran volcán en mi rostro. La leche de Ricardo dejaba su
rastro por mi cuerpo, aquel que se había entregado y quería más en mi gran
noche.
Sólo
puedo compartir que entre copas, risas y deseos los cuerpos, de los tres no dejaron
de celebrar nuestro encuentro. Mi cuerpo una y otra vez se entregó al desdén de
los amantes.

