domingo, 1 de septiembre de 2013

DESVISTIÉNDOME PARA ESTUDIAR

Me asomo por la ventana mientras observo el reloj, ya es casi mediodía y aún no termino de vestirme, creo que a lo mejor no deseo ir a clase hoy, mi uniforme todavía está sobre la cama mientras noto que desde la acera miras mi cuerpo.

Sonríes y mi rostro sonrojado delata lo mucho que me agradas. No es la primera vez que te veo y presiento que debajo de esos pantalones hay una polla celestial. No sé cómo lograste subir, a lo mejor timbrando en varios pisos hasta que algún vecino te abrió el portón, sólo sé que al tocar mi puerta jamás imaginé que frente a mi te encontrarías.

-Veo que me esperabas, hace calor y sé requieres despojarte de tu uniforme -. Dices.

Tus palabras traspasan mis oídos y mi piel responde a tus deseos. Mis labios buscan los tuyos, nos besamos tan fuerte que podía sentir tus dientes chocar con los míos, tu lengua dentro de mi buscaba introducirse bien adentro de mi garganta. Tus manos ajustadas a mi cuerpo abrían suavemente los botones de mi camisa, querías llegar a mi sostén blanco. Me giras y quedo de espaldas, tus manos aprietan mis tetas y bajan levantando la falda para llegar a mi bragas, metes tu mano, ya estoy mojada, mis manos tan solo tocan tus brazos para autorizar que sigas.

Contra la ventana me pones y haces que suba una de mis piernas sobre una butaca, retiras  mi panti y comienzas a besar mi culito, siento tu lengua que rosa mi gallito y finaliza en el hoyo, mmm ¡quiero que me lo metas! Te paras y ya tu pene erecto sin pensarlo se dispone a entrar; lo entras y comienza el vaivén de nuestros cuerpos.

No puedo evitar derramarme, sientes mis jugos y bajas nuevamente a chuparme la conchita, te bebes mis líquidos mientras me metes tu dedo por mi culo, siento que estallo.

Me giro y me besas, quiero chupártelo, me doy la vuelta y me agacho. Allí estas, ese pistón es todo para mí, es tan grande que temo morir ahogada, me lo meto, siento líquidos que salen, te meto mi lengüita por la mitad del glande, te chupo, te succiono, mmm, te lamo; me encanta, es grande, duro.

Te lo cojo desde la raíz, apretó tus huevos, mi boca entra y sale mientras tus manos halan mi cabello dándole el compás a mi boca.

Sostienes tu pene para que pueda pasar mi lengua una y otra vez, tus huevos en mi boca salen y entran, quiero devorarte, estás delicioso, tus manos se desplazan suavemente por tu miembro.

Me llevas de la mano hasta el sofá, te sientas y te abres, mientras arrodillada continuo chupándome mi bombón

Mis cabellos impiden que observes cómo lo devoro, acaricias mi pelo para observar mi cara, me lo entro todo, no dejo ni un centímetro por fuera, chupo tus huevos, tu hoyito.

Me paro y me pongo de espaldas quiero que observes mi culo, que lo toques y desees penetrarlo.

Me tiras contra ti y sin dar oportunidad a que reaccione, violas con tu polla mi huequito.

Mi cuerpo sube y baja, comienzo a cabalgar, como un jinete que desea domar la bestia.

Mientras me penetras por el ano, mis dedos acarician mis pechos y uno, dos, tres de mis dedos comienzan a explorar mi casita, quería tocarte el chimbo desde adentro.

Me levantas y me tiras contra el sofá, comienzas a golpear mi conchita, la rosas, metes los dos, tres, cuatro dedos, quiero orinarme, siento estallar.
Mi cabeza hacia atrás y mi voz delgada ante tanto gemido pide que me penetres.

Me levantas un pie contra tu pecho mientras el otro descansa en el suelo, tu miembro entra a su casa y comienza a incendiarla por dentro. Tu mano toca mis tetas tan duro que siento como si quisieras llevártelas contigo.

Comenzaste a golpear fuertemente mi chimba con tu chimbo, tan fuerte que mi gallo se endurecía cada vez más. Entrabas y lo sacabas, era un premio y un castigo, los jugos inundaban nuestros sexos.

Me sentaste y tu verga nuevamente regresaba a mi boca, querías que te premiara y la verdad quiero quedarme chupándola todo el día. ¡Me encanta tener tu mástil en mi boca, mmm!

Te acostaste y me monté encima de tu pene, recto casó perfecto con mi cueva, mis brincos hacían que al bajar sintiera cómo tu sexo golpeaba el mío, tus manos tocaban mis tetas y comenzaron a pellizcar mi culo.

Nuevamente mi boca busca tu pene, siento que mi cavidad está hecha para él.
Me volteas y me pones de rodilla sobre el sofá, quieres nuevamente entrar en mi conchita y ella mojada, ansiosa y ardiente está.

Entras y quemas, frotas, y es sublime, mis manos tocan mi gallo, tocan sutilmente tu chimbo. Penetras duro, me martillas una y otra vez, mi cabeza choca contra el espaldar, me encanta.

Mientras continúas el vaivén de tu cuerpo, me agarras del cabello, me giras hacia un lado como si tuvieras un timón, no tengo voluntad en mis movimientos, eres tú quien me doma.

Sin decirme nada introduces tu macho en mi culo, me halas el cabello, aprietas mis tetas, me das palmadas en mis nalgas, no puedo soportar más, me derramo a chorros mientras tu leche se derrama dentro de mí.

No te vayas, hoy no quiero ir a estudiar… quédate, volvamos a empezar.



¿Qué dices? 

viernes, 24 de mayo de 2013

LÁTIGO…


Quiero plasmar en el papel, para no olvidar mientras exista, nuestro encuentro.

Creía que durante este invierno mi cuerpo como la calle Atocha estaría helado y solo como alma en pena a causa de su mal comportamiento terrenal puesto que si tomarán nota de mis pensamientos condenada al infierno eterno y solitario sería.

Pero quiero serte sincera, jamás imaginé que tras ese hombre cauto, callado y serio, habitara ese insaciable viril e inmortal amante. Siempre te vi como el perfecto acompañante de largas tertulias en las cuales mi palabra se hacía dueña del tiempo, y tú tan sólo asentías, escuchabas y sonreías como quien captura un secreto y se adueña en sus entrañas de él.

¡Por Dios!, no recuerdo quien de los dos dio el primer paso, nuestros cómplices de la noche se alejaron abandonándonos antes de salir el sol a pocos segundos de abrir la estación del metro.
-   
       ¿Dime la verdad, realmente Lucy se quedó con tus llaves?. Recuerdo que durante la noche me observabas fijamente y hasta besos absueltos de deseo (a mi pensar) nos enviábamos de esquina a esquina.

Ante tu imposibilidad de lograr llegar a tu nido, vi con gran naturalidad convidarte a mi piso, un sofacama amplio y amigable te esperaba.

Un hasta mañana inundó el espacio frío aún, y la calefacción demoraría en cumplir lo esperado.

Las cañas bebidas una vez más me llevaban al servicio. Antes de cruzar y pasar cerca de ti, pude prestar oídos a tu respiración agitada y aunque tenue tu mano sostenía una de mis fotos mientras que la otra había dado vida a un gigante dormido.

Crucé con paso ágil y ropa ligera, sabía que con ello te pondría a estallar. Jamás había observado a un hombre masturbarse ayudado de una fotografía mía. (Es increíble, no logro evitar ponerme algo ruborosa y alegre al recordarlo).

En el cuarto del baño pensaba qué diría o haría al pasar nuevamente. – ¡le diré buenas noches! Pero con ello podrías concluir que había notado lo que hacías, y no quería que te sintieras incómodo. Lo mejor, pensé, es pasar rápidamente y no dejar rastro alguno.

Sin embargo, al pasar mi mano cubierta de papel por mi conchita, no pude evitar traer tu imagen perturbadora a mi mente. Mi pecho se llenó de aire y embestida me sentí, mis dedos comenzaron a juguetear buscando mares de placer.

Era imposible parar, mis manos obedecían mis deseos, tan sólo sentía y veía como mi cuerpo despojado de sus prendas, renunciaba a la cordura y entregado al placer estaba.

La vida me demostró en aquel instante que cuando no nos hacemos cargo nosotros de las cosas, ella decide y comienza a hacerlo por nosotros. No me percaté de que la puerta la había dejado entre abierta y que, como cazador al asecho, observabas tu presa.

Mis ojos cerrados coautores con mis manos, las invitaban a explorar libremente mi cuerpo.

De un momento a otro se iniciaron dentro de mi pequeñas detonaciones, mi cuerpo contraído, abandonado a la intemperie sentía un placer al que no quería renunciar, por ello parado frente al espejo con los ojos cerrados permanecía.

Tus manos recorrieron cada rincón de mi figura, dibujando con besos, mordiscos y chupados la ausencia de límites de mi forma.

Mis oídos querían captar cualquier sonido en la pequeña habitación, tus palabras a medio susurro se confundían con la gota de agua que salía de la llave. Mi boca entre abierta, estaba seca ante el calor apasionado que vestía interiormente mi sexo, mi vientre, mis tetas, todo.

Cuando abrí mis ojos, mi cuerpo trataba sin éxito de mantenerse parado, el piso ya caliente nos recibió mientras nuestros movimientos impedían observar e identificar a quien le pertenecía el trozo de piel que se exponía.

-        ¡Quiero disfrutarte! Me lo decías una y otra vez

Podía sentir como luchabas con tu mástil para evitar que hiciera erupción, lo tocabas de la punta de una manera discreta mientras la faena con tu lengua en mi conchita hacia fechorías inconfesables.

¿Vamos a nuestro cuarto? pregunté y asentiste con tus movimientos. Nuestros cuerpos pegados continuaron hasta llegar a la puerta de entrada donde la luz nos permitía vernos cara a cara, abrí disimuladamente la parte inferior del closet para inducir  nuevas experiencias.

El sonido causado por un largo estuche que cayó al suelo, seguido de látigos, esposas, máscaras, bolas chinas, cadenas, llamó tu atención.
Mis ojos revelaban la culpabilidad del acto y el deseo de ser poseída en todo sentido de la palabra.

Comenzaste a tomar artículos, como quien busca la utilería necesaria para una gran obra. Estabas feliz y yo ansiosa. Mis deseos crecían y tu pene erguido me torturaba.
-    
      ¡Voltéate!, baja un poco, sube la pierna, baja otra vez la mano……me decías

No podía creerlo, allí estaba sobre la cama en cuatro. Una gran bola yacía en mi boca sostenida por una gran correa que recogía a su vez en cola mi larga cabellera. Mis piernas y mis manos esposadas, separadas por dos barras horizontales de 20 y 15 centímetros, la más grande entre mis tobillos y la pequeña entre mis manos. Otra barra vertical hacia que mis movimientos fueran aún más imposibles y que tú, ante ello, sintieras un poder mayor al poseerme.

Sí, sobre la cama completamente desnuda ofreciéndote mi coño y mi hoyo estaba. Nada se interponía a tus deseos, estaba completamente desprotegida ante tus fantasías en aquel momento.

Me tomaste de la cadera y me halaste hacia la orilla de la cama. Tu taladro perforó mi chambita mientras escupías mi hoyito iniciando un juego para nada inocente con tus dedos. No podía moverme ni gemir, mi conchita sólo quería más y mi culo pedía a gritos un pito.

Tal vez lograste ver mis pensamientos y quisiste castigarme por ello, pero lo único que lograste fue provocarme grandes estallidos de placer en mi interior al sentir los latigazos en mi culo.
-   
      ¡Muévete puta! Me decías mientras halabas mi cabellera, lanzabas otro latigazo y penetrabas fuertemente mi sexo.

Mi chimbita se sentía quemada pero deseaba más, quería que la rompieras, la destrozaras, estaba dichosa, me encantaba sentir tu excitación ante mi impotencia y mi sumisión; mi trasero sentía por fuera la fortaleza de tus actos.

Te acomodaste para cabalgarme introduciendo tu mazo grande y duro por mi culo, no podía ni respirar, su entrada sacudió y calentó a mil mi cuerpo. Una llamarada provocaba gritos y gemidos que no podían salir. Mis dientes trabajan vanamente en morder esa bola gigante impuesta en mi boca.

Tus piernas sobre mis caderas ayudaban a entrar y salir tu pene de mi cueva oscura, no podía hablar, no podía moverme sólo suplicar a Dios que ese instante fuera eterno.
Me tumbaste de medio lado, mientras levantabas mi cabeza del cabello. Tu leche comenzó a cubrir mi cara.

– ¡Es para ti, te la ganaste!

Sentir cómo tu semen salía rumbo a mi cara, caliente y con fuerza, hizo que me sintiera una verdadera puta en mi cama.

Hoy sé, viviré otra nueva experiencia contigo o tal vez, con aquel hombre que sabe lo que siento, lo que busco.

lunes, 13 de mayo de 2013

OASIS



Calladamente siento tus ojos clavados en mi cuerpo mientras las gotas de sudor lentamente lo recorren.
Abriste la puerta del coche. El calor golpeó mi rostro, el cual contemplaba la gran sabana; la brisa voluptuosa incitaba a despojarme de mis prendas.
- Hace calor, presiento que unos 39º C
- Si, tímidamente te conteste
- ¿Deseas agua?
- Sí, gracias.
Mi cuerpo hervía por dentro, el calor penetraba cada rincón de él.
Al levantar la mirada hacia ti, pude observar como tus grandes manos desaparecían la botella de agua. Fue en aquel momento donde inicio una de las mejores, ¡No! Honestamente, la única incomparable y maravillosa entrega carnal que he vivido.

Al pasarme la botella me incitaste a ver cómo te despojabas de la camisa dejando sin protección ese pecho duro y bien cuidado. ¡Quería tocarlo! Acercar mi pecho contra el tuyo. Rogaba dentro de mí que tan siquiera por un segundo me insinuaras tu interés en intimar.
- Sin aire en el coche considero que es mejor descansar un rato y esperar a que baje un poco el sol. Mientras podemos ubicarnos bajo las ramas de esa gran ceiba.
Dijiste, señalándome un frondoso, alto y fuerte árbol.

Donde nos encontrábamos podíamos ver en primer plano la gran autopista, sin embargo, por el conjunto de plantas, estábamos escondidos para los ojos de los viajeros.
- ¿Estás cómoda? Lamento no tener una manta más grande.
Quería ya devorarte, tus palabras tan solo taladraban mi imaginación.
- Tranquilo, estoy bien. El paisaje logra trasportarme a otro lugar.
- ¿A dónde te lleva? ¿Con quién te vas?
Preguntabas con gran curiosidad.

Crucé las piernas y sin querer, con una ramita me he pinchado. Ante mi suave quejido, de manera sutil pero automática, me has tomado, evitando que mi cuerpo saliera del área que cubría la manta.

Tu pecho sin dueña, frente a mi rostro se encontraba, alcé la mirada y sus labios invadían mi cordura.
- ¿Me decías?
Interrumpiste mis sueños trayéndome nuevamente a ti, e insististe clavando tus ojos en los míos.
- ¿Me decías?
No sé si fue el calor de mis mejillas, el titubear de mis palabras, el poco espacio entre nuestros cuerpos, el hermoso paisaje que nos rodeaba o el interminable lapso que estuve en el internado,
lo que hizo que mi sexo dormido afuera se encontrara.

Tu boca rozó suavemente la mía, y poco a poco parecíamos en medio de un huracán. Fue todo tan rápido, que en cuestión de segundos, nuestros cuerpos sin límites se encontraban. El calor de tu aliento despertaba cada poro de mi cuerpo, tus labios apasionados succionaban mis pechos, y con tu lengua lamías mi pezón grande y redondo, mientras pasabas tu brazo izquierdo rodeando mi cintura. No podía evitar levantar mi sexo buscando ser clavaba por tu pistón. Mi vientre se contraía al tener tu cabeza sobre él buscando mi casi virginal cueva.

Tu lengua se fue perdiendo en cada pliego de mi conchita como fugitivo sediento de placer; mis jugos comenzaron a alimentarte una y otra vez. Mi humedad delataba el gozo que me dabas. ¡Quería retribuirte! Así que empecé a frotar con mis pies ese gran animal que deseaba tener dentro de mí. Una fuerte brisa despojó del árbol varias de sus hojas, las cuales cubrieron nuestro cuerpo por unos segundos, pues ya nuestra pasión encendida nos obligaba a comenzar la faena.

Parada podía observar cómo deseabas que me sentara en el centro de tu cuerpo, pero mi necesidad de tener tu verga en mi boca me lo impedía. Te chupé, lamí hasta el punto de que me apartaste de él. No querías regalarme tu leche en aquel momento. Me colocaste bocabajo para poder deleitarte con mi culo después haber besado toda mi espalda. ¡No podía escuchar lo que me decías balbuceando, pues tu boca dentro de él se encontraba, tan solo podía sentir tus herramientas manuales y bucales explorando en él. No podía dejar de moverme haciendo fuerza contra el suelo aprovechando la fuerza de tus movimientos; el roce de la superficie dura y tú jugando dentro de mi culo, hacían inevitables las erupciones dentro de mí.

Suavemente me paraste colocando mi espalda en el tallo del gran árbol e impulsando mi cintura. ¡En un segundo, clavada me encontraba! Mis piernas rodeaban tu cintura presionándola como poseedora de tus deseos. Tu pene entraba y salía mi entras mi espalda golpeaba el árbol. La velocidad fue aumentando, acompañada de besos interminables, donde la lengua loca hacía maravillas en nuestros cuerpos. No podía evitar gritar, morder mis labios al sentir esa gran explosión que habías hecho en mi gran templo.

Después de contemplar la gran fotografía que la naturaleza nos ofrecía, cubrimos nuestros cuerpos, pero con la certeza de que en nuestro próximo encuentro sin ropa deberíamos estar. 

martes, 30 de abril de 2013

EL SEMINARIO


Es un paraje casi paradisiaco a la orilla del mar; las olas golpean con violencia la base del acantilado sobre el cual se levanta un hotel pintoresco, sencillo y cómodo.
Los atardeceres son espectaculares a tal punto que suspendemos el seminario durante los quince minutos finales en los cuales el sol se esconde entre las aguas hasta desaparecer, reflejando visos dorados y rojizos sobre la superficie azul del agitado mar.

Los participantes son presidentes y vicepresidentes de empresas de diferentes sectores económicos de un gran consorcio financiero del país.
Una vicepresidenta se lleva la mirada de los asistentes cuando atraviesa los salones, comedores y corredores del hotel y a más de uno se le agita la respiración. Su presencia es imponente tanto por su estatura como por la voluptuosidad de su cuerpo, tiene una amplia sonrisa permanente, ojos negros profundos, larga cabellera castaña y unas curvas que como imán atraen los ojos deseosos de los hombres.

Durante las sesiones de trabajo, con alguna frecuencia, nuestros ojos se encuentran y escudriñan el interior del otro aunque no hay oportunidad para tener una charla personal y privada porque siempre se realizan actividades de grupo, incluyendo las comidas diarias.

Al terminar el seminario y despedirnos para ir a la ciudad, Angy se me acercó para preguntarme si podría hacerle el favor de llevar unos documentos urgentes que necesitaba enviar a la capital. Acordamos encontrarnos en mi hotel para la entrega de los escritos y de paso la invité a cenar.

Cenamos en un ambiente cálido y agradable, intercambiamos impresiones sobre el trabajo realizado y luego fuimos  a tomar un trago en el bar del hotel, una agrupación tocaba música que nos incitó a bailar.

Al calor de unos vodkas y música caribeña nos acercamos, eliminamos el espacio que nos separaba, apretamos nuestros cuerpos y  bailamos muy suave, para sentirnos y rozar nuestros sexos, llegaron los primeros besos en medio de la pista y otros tantos mientras nos abrazamos en la mesa. Podía sentir una complicidad y cercanía sin palabras, una comunicación explosiva de expresiones corporales.

Al terminar la orquesta y cerrar el bar, la invité para que fuéramos a mi habitación; me respondió que estaba cansada y que más bien la acompañara hasta su casa que estaba como a tres cuadras. Caminamos cogidos de la mano por entre el parque, las calles desoladas daban paso al jugueteo de nuestros labios. Al llegar a su edificio me pidió que la acompañara al ascensor porque le daba miedo tomarlo sola.

En el ascensor nos comenzamos a besar aumentando la intensidad de los mismo, comenzamos a  acariciarnos con gran pasión, nuestros cuerpos excitados comenzaron a explorar el cuerpo del otro con las manos, el tiempo se detuvo, tan sólo éramos tú y yo. El elevador fue solicitado y como dos fugitivos marcamos el siguiente nivel para bajarnos. Tus manos me orientaron para entrar en las escaleras de emergencia. No podía creer estar viviendo tanta pasión, tus besos levantaban mi mástil mientras acariciaba tus pechos entre su blusa de seda blanca. La despojé suavemente de sus prendas para poder apreciar  sus tetas suaves y deliciosas, quería chuparlas, tenerlas entre mi boca. Ella deseaba tener mi pito en su coño, así que me retiré la ropa mientras obedecía su petición de que me sentará en el escalón; allí estabas frente a mi completamente desnuda, su coño totalmente afeitado que dejaba ver su excitado y grande clítoris…

¡No! No te pares, pues quería levantarme para besar sus senos de forma apasionada y acariciar sus pezones erectos con mi lengua.

Un segundo después entendí el porqué de su petición, ella abrió sus piernas mientras dejaba a la vista su chimbita jugosa mmm…, se sentó encima de mi pistón, comenzó a cabalgar sobre mí en una carrera loca y desenfrenada, observaba su culo grande descargarse entre mis piernas, su coño absorbía, entraba y sacaba mi pene.

Quería ver su culo, sutilmente la senté de espalda mmm… podía ver mejor su culito chiquito, comencé a tocarlo con mi índice después de mojarlo con mi saliva, comenzó a moverse más rápidamente mientras gemía pidiéndome más… ¡métemelo, mmm rómpeme!

Tomó mi mano y chupó mis dedos, llevó mi mano a su hoyo, se lo metí rápido y fuertemente, grito – ¡dame, dame!

Mientras ella brillaba mi pene con su coño, brillaba mi dedo con su culo….

No podíamos más, mi verga explotó sacando leche espesa, esperando ser limpiada por su lengua.

Cariñosamente nos despedimos. A la mañana siguiente la llamé desde el aeropuerto pero no me contesto, entendí que debía respetar la decisión de que lo sucedido había sido un momento furtivo.

Dos meses después, al regresar al hotel a causa de otro seminario, la busqué ilusionado; pero en aquel edificio tan sólo quedaba el recuerdo vivo de lo que una noche sucedió.

EL BOSQUE

Es una pequeña finca ubicada entre las montañas, con una casa rústica de teja de barro y paredes blancas, un amplio corredor que permite admirar el paisaje con cordilleras de verdes multicolores, un jardín lleno de diferentes matices, aromas que invitan a los picaflor a realizar repetitivos vuelos; al lado de la casa se extiende un bosque frondoso sobre un tapete uniforme de césped, aunque tiene variedad de árboles predominan los eucaliptos altos y erguidos que despiden una fragancia deliciosa y entre cuyas copas se deslizan los rayos del sol.

Caminamos por el bosque al terminar la tarde cuando los pájaros comienzan a anunciar con su canto que se acerca el final del día y buscan un albergue cómodo para pasar la noche, y cuando el sol empieza a dar sutiles pinceladas anaranjados enlazando las nubes y las montañas.

La agarré de la mano tibia y suave, para ayudarle a pasar un sector empinado y pedregoso; seguimos caminando con nuestras manos entrelazadas, acto que evocaba lo cercano y unidos que nos sentíamos. Después de avanzar por un largo tiempo nuestros cuerpos cansados reclamaron un respiro, nos sentamos arrimados contra un tronco. Fue en ese preciso instante cuando mirándonos nos perdimos en el otro, no podíamos evitar acercarnos,  tocarnos, sentirnos...

Surgieron de forma natural unos besos suaves que rápidamente crecieron y se llenaron de pasión; me estremecí al sentir sus labios carnudos, jugosos y los movimientos de su lengua juguetona que recorría el interior de mi boca.
Bese su cuello,  pasé mi lengua por sus orejas y sentí cómo sus brazos me apretaban contra ella con fuerza mientras su respiración se agitaba, en ese instante tan sólo pensaba en hacerla mía.

Poco a poco las prendas fueron adornando el pasto verde; mis labios y mi lengua jugaron con la redondez de sus pechos tersos, con la suavidad de la seda y con unos botones rosáceos, erguidos y duros que me excitaron al besarlos, chuparlos y morderlos suavemente.

Colocó su cuerpo sobre el mío de tal manera que nuestros sexos se sintieran y rozaran. La emoción y la pasión crecieron al máximo mientras nuestras manos exploraban, palpaban, acariciaban y consentían centímetro a centímetro nuestros cuerpos ardientes.

Nos fuimos deslizando uno sobre el otro y comencé a sentir sus labios y su lengua sobre mi miembro erecto mientras que mi lengua pasaba sobre los deliciosos néctares de su coño caliente. Lamía su chimbita y sutilmente cambiaba, haciendo girar como un remolino sus labios; mi lengua se metía por tu hoyito como un pistón duro y afilado. Mientras que jugueteaba con su biberón esperando que le diera el néctar de la vida. No podía contenerme, la intensidad de sus movimientos crecía al mismo ritmo de mi respiración y sus gemidos estremecían las paredes de la cabaña.

Te me subiste para brindarme un beso que robaba el sabor de tu coño contenido en mis labios, tus tetas sobre mi pecho queriendo penetrar y atravesarlo.

Te guie para que adoptaras una posición en la cual logrará castigarte por lograr doblegar y debilitar mi cordura, estaba preso ante tanta lujuria, saboreando el placer de tu cuerpo.

Arrodillada con las piernas abiertas dejabas al descubierto tu vulva carnosa, gigante, y un gallo fino pidiéndome ser devorado, te introduje sin piedad mi verga por tu chimbita, entraba y salía, te tome de tus cabellos largos obligándote a regresar una vez te alejaba de mi cuerpo. Aprecié desde lo alto ese hoyito diminuto, lo escupí y sin preguntarte lo tome mío, entró forzado, pues era más pequeño de lo que creía, huracán de emociones, virgen allí, estaba sólo y por primera vez para mí, sólo para mí.

Entraba mientras tus quejidos se hacían más intensos mis dedos exploraban tu delantera húmeda y caliente hasta quedar compenetrados en una explosión de placer de la cual fue difícil de separarnos.

Nos abrazamos, reposamos mientras nos invadía un olor combinado de pasto, eucalipto y sexo.

El sol ya se había ido a descansar. Nos levantamos, entrelazamos nuestras manos y a paso lento acompañado de suaves besos deshicimos el camino para llegar a la casa acompañados del resplandor de una luna llena.

Al entrar en la casa y disponer de la privacidad que nos había hecho falta, nos despojamos de la ropa, nos besamos, nos acariciamos, nos llenamos de pasión y lujuria. Tu cuerpo perfecto violentaba mis ojos, sin espera me montaste, sin poder evitarlo sentí como me cabalgabas con tal energía y entusiasmo como nunca antes lo habías hecho, mientras yo besaba sus senos turgentes, hasta que estallamos con gritos y gemidos que todavía retumban en nuestros oídos.

Hoy seguimos alimentando nuestros deseos con el recuerdo de la primera vez que atravesamos juntos los límites del bosque. 

sábado, 30 de marzo de 2013

MI PRIMERA VEZ


Sabía que esta noche iba a ser diferente, lo intuía por la manera como me observabas al salir del teatro. 
No sé si fue la maldad hecha deseo la que me llevó a despojarme de mi ropa interior en el tercer acto de la ópera.
No esperaste ni síquiera abrir la puerta cuando ya estaba tu mano entre mis pechos.
- ¡vamos a la sala de estar! Susurraste mientras me introducías tu lengua entre mis labios.
No sé en que momento encendiste la computadora, tal vez, porque estaba encendida de pasión.
Escuché, mientras me despojaba de lo poco que llevaba de ropa, una voz femenina que saludaba tímidamente.
Al levantar mis ojos, allí estabas sentada observándonos sin saber qué tendrías que hacer.
- Cómo te llamas te pregunté. Tanto Tom como yo estábamos maravillados con tus atributos físicos.
- Ann
Tom tomó el timón para iniciar lo que diría yo, el camino hacia tus brazos. 
Después de conversar cosas triviales, se podía percibir que los tres anhelábamos intercambiar no sólo palabras sino entrar en calor para sentir explosiones genitales. 
Comenzaste colocándote de pie frente a la camara, retirándote lentamente la poca ropa que te cubría. 
Te mire tímidamente porque tu cuerpo despertaba en mi una sensación jamás vivida, deseaba tenerte cerca para oler cada rincón de tu cuerpo, besar suavemente tus labios deslizandome sutilmente por tu cuello hasta llegar a tus pies. 
Podía sentir como me devorabas, sentía tus deseos de verme despojada de mi timidez.
Sé que Tom comenzó a intuir tu inclinación e interés hacia mi, tal vez por tu sutil pero excitante mordisqueo de tus labios mientras observabas mis senos y conchita afectada que dejaba a la vista la punta de mi gallo. 
Tom, sin darnos cuenta, estaba dándose igualmente placer con sus manos, siguiendo nuestro ejemplo; pues al compás, tu y yo las tetas y el final del vientre nos cogíamos. 
Veía cómo te metías tus deditos por el coñito que me lo abrías para que yo hiciera lo mismo. Me exponía mostrándote todas mis entrañas pidiendo que tu lengua saliera de esa gran pantalla.
Quería sentir el roce de nuestros montes, saborear tus senos redondos, tus labios carnosos y tocar ese culo, que al moverse invitaba a apretarlo. 
Tom quería que nos vieras y me sorprendí más cuando eras tú la que más lo incitaba a que ello sucediera. 
Tom deseaba mostrarte cómo su polla entraba en mi orificio anal mientras sus dedos ingresaban una y otra vez sin control ni ritmo. Era cómo si pretendiera tocar su pene con sus dedos atravesando mis entrañas. 
Sentir que veías mi concha, hacia que me humedeciera más, escuchar que le dijeras a Tom dónde tocar, ocasionaba orgasmos en cadena, era pensar y sentir que no era Tom quien me hacía suya sino que eras tú quien me amaba.
Continuamos sin control de tiempo, juegos inocentes hasta quedar exhaustos. Mientras saboreaba el placer que había sentido, nos miramos a los ojos y por extraño que parezca compartimos tu y yo, pero en secreto para Tom, que éste no sería nuestro único encuentro. 
A la mañana siguiente luego de traerte una y otra vez a mi mente, de tirarme a tus brazos y mojarme interminablemente a causa del deseo lujurioso que despertabas en mí, ingresé a la computadora para hallar la manera de contactarte. Allí estabas, mi cuerpo comenzó a palpitar, como quien condenado y avisado estuviera de lo que iba a disfrutar.
Te envíe mi mensaje lleno de ansias por sentir incluso más que la noche anterior. En él te deje mis datos de contacto esperando tus respuesta.
Dos horas después escuche tu voz, me llamaste para invitarme a conocer tu loft ubicado en la calle Reina Victoria en pleno centro de Madrid, acordamos encontrarnos en la estación de metro Guzmán El Bueno a las 3 de la tarde.
Llegue 10 minutos antes como quien va a la entrevista de su vida, había tenido tiempo para organizarme y estar lista para ti. 
Mientras subía las escaleras, al final de ellas, estabas esperándome. Tu sonrisa como la primera vez me cautivo de inmediato y tu lengua que apareció tímidamente me hacia temblar por los placeres que me podría ofrecer. 
Caminamos muy cerca la una a la otra en dirección a tu piso, al cerrar la puerta del ascensor después de marcar el 5 piso, sorpresivamente sentí tus labios carnosos y tersos en los míos. 
Mi corazón aún locamente latía y sentí que el ascensor se estremecía, salimos de allí, casi sin aliento y a toda prisa buscando estar por fin solas en el interior de tu morada. 
Nos arrojamos al sofá y metiste tu mano debajo de mi falda. Acariciando mis caderas mientras me besabas profundamente. 
Luego yo reaccione al ritmo que tu imponías y mis manos buscaron tus senos bajo tu blusa blanca, tus manos guiaron mis manos hacia tu sexo, él cual estaba húmedo e iniciaba un ritmo irregular ante mi toque. En ese instante inmensos escalofríos pasaban por mi espalda y más aún cuando tu boca comenzó a comerse lentamente mi secreto, sentía tu lengua ir y venir suavemente recorriendo cada rincón e introduciéndola por todos sus pliegues. 
De un momento a otro estabas encima mi coño en tu cara y el tuyo en la mía.
Comencé a mimar tu cueva como una buena alumna, sentía tus jugos brotando al ritmo de tus contorsiones. 
Tus gemidos y los míos sonaban como una serenata de amor, no queríamos parar. Sin embargo, volvieron tus labios a mi boca, como quien necesita confirmar que lo vivido es real. 
Tu monte al rozar con el mío me hacia subir, el éxtasis de un orgasmo delataba mi dicha.
Pronto sentí que la punta de Napoleón tu bien amado y fiel amigo ahora dentro mi coño estaba y que el otro extremo buscaba el tuyo.
No podía dejar de suspirar, la experiencia era sublime. Nuestros gemidos ocupaban toda la sala y temo que debieron escucharlos sus vecinos.
Desde ese día sin que Tom sospeche mi vulva es de ella.


martes, 26 de marzo de 2013

LÍNEA CALIENTE

Recuerdo aquella tarde, sentada en el largo sofá de mi sala, observaba cómo la lluvia se deslizaba por el cristal de mi ventana.
Hacia frió mientras esperaba que mi móvil diera muestras de interés.
Sentí el vibrar, esperaba una voz seductora al otro lado de la línea. 
Mi cuerpo anhelaba sentirse vivo, quería un orgasmo en aquella tarde.
- "Ola"-  susurré tímida y suavemente, con la voz cortada a causa de la emoción que en aquel momento vivía.
- ¿Cómo estas vestida? - preguntaste
fue en ese instante donde comencé a sentir cosquilleo en mi conchita, a la vez que se humedecieron mis labios vaginales
- Sólo tengo puesto un panti de color rosa encendido y una camiseta ajustada que deja al descubierto cómo mis pezones se ponen duros ante tu pregunta.
- ¿Dónde estas?
- En el sofá de mi sala, estoy semi-acostada con mis piernas recogidas, inquietas moviéndose al son de la lluvia. Y tú, ¿cómo estas vestido?
- Estoy desnudo, acostado en mi cama doble con la luz tenue, escuchándote mientras observo en silencio el canal Playboy.

- mmmm, y qué están presentando, acaso un especial de una deseable chimbita, un culito apretadito; o una historia con escenas de trío, lésbico?
- Estoy viendo Huge Hard Cock, Polla dura.
- Con ese nombre si que mola. Me encantaría estar allí junto a ti, para sacarte hasta la leche. Suspiré suavemente mientras te pregunté qué veías en la pantalla en esos instantes, estaba cachonda y sólo quería un poco de fuego.
- Sutilmente acostada se encuentra Kalani Lei, colocando al descubierto su lindo y húmedo gallo mientras le pasan rápidamente una y otra vez el dedito de la alegría, ella se retuerce y gime. Él comienza a introducirle uno, dos dedos queriendo romper ese coño.

- ¿Te gusta lo que ves?
- Me excita deleitarme viendo ese gallito al descubierto, y cómo él por mi le da su merecido.
- mmm, dime más, ¿qué ves ahora?
- Se acomodan en la parte trasera del auto y el saca una gran polla, para que ella se lo trague todo. Lo saborea, se lo traga, lo chupa, lo disfruta...
- mmm cómo quisiera tenerte aquí, no puedo quedarme quieta, estoy mojada, ganosa.
- Ella se come sus guevas, pasa su lengua en el largo del pistilo, su tronco brilla de tanta chupada. se ha puesto a mis espaldas, tan solo observo ese gran pene introduciéndose una y otra vez por su chimbita. Que culito tan apretadito y redondo, las manos de él lo aprietan como un trofeo..ahh
- Tienes un consolador? me preguntaste
- ¡Si!, y esta a un paso de mi, espérame un segundo. - ya lo tengo en mis manos. ¿Lo escuchas? 
- Si, mételo a tu boca, saborea mi chimbo duro, quiero que me sientas.
- mmm déjame metérmelo.
- Aun no, espera. 
- Moja tus dedos, pasa la lengua, moja tu chimbita con tus jugos salivales.
- mmm estoy húmeda, navega mi gallo en deliciosos jugos, me toco y no puedo evitar meterme uno, dos, mmm tres dedos, ay me encanta
- Uy mami, quiero verte,  te siento mía- quítate la blusa. ¿Tienes web cam?
- Si, pero no debo usarla con un cliente.
- ¿Cliente, mi amor? tu voz ha hecho que me enamore.

- Mi usuario de skype es 123orgasmoxxx. 
- Ya te llamo.
- No podía creerlo, llevaba 5 años en la compañía y jamás había compartido con un cliente algo más que llamadas. Pero más asombrosa fue mi reacción al verte, tu color de piel, tus grandes dotes fuertes y erguidas sobresalían en mi pantalla.
- me encantas, cómo te llamas?
- Karen
- Karen, que ricas tetas, tócatelas para mi.
- Pase mis manos una y otra vez sobre mis redondas y duras tetas, sintiendo un placer que explotaba sutilmente entre mis piernas.
- Ponte en cuatro, ¡déjame ver tu coñito y tus nalgas!
- ¡Que delicia de hembra eres! ¡cómo quisiera estar allí, para que me sientas bien adentro.
- Te puse mi culo frente a la cámara, sentía tu respiración agitada. Bajé mi cara para observarte, vi tu mano rodeando tu gran y erecto pistilo. Pasé saliva, era increíble como a tu miembro lo deseaba más que a nada en ese instante, quería brillártelo con mi lengua, aprisionarlo contra las paredes de mi boca.
- Introduce tu dedito, quiero verte como te retuerces de placer.
- Abrí mis piernas para que observaras mi coño. Ahí estaba todo para ti esperando ser penetrado. Mojé mis dedos y uno a uno lentamente los fui introduciendo en mi túnel, aquel que proclamaba tu presencia. mmm no podía evitar moverme, sentía ráfagas intensas dentro de mí, sabía que estabas a punto de estallar, tu respiración era más fuerte y rápida, susurrabas palabras que me encantaban y me ascendían más: "Puta rica" "mi perra" mmm... Tomé el vibrador, y mientras violentaba mi coño repetía tu nombre, dame más, rómpeme... no podía dejar de quejarme, sentía contraer mi gallito y con él, mis jugos vaginales delataban mi orgasmo. No podía dejar de moverme y gritar; ¡Hijo de puta!, repetía ante la dicha que ese día me brindabas.
- ¡Perra! me gritaste cuando salía de ti mi leche; desde aquel momento fui condenada a serlo para siempre.