Me impresionó desde la primera
vez que la vi; al caminar ondeaba como una palmera, moviendo sus caderas bien
curvilíneas al ritmo de sus pasos y dejando ver unos senos grandes, parados y
con una redondez frutal.
Con alguna frecuencia
charlábamos, intercambiábamos información sobre nuestras vidas; cada vez que le
dejaba saber que la deseaba, con elegancia, diplomacia e inteligencia evadía la
respuesta. Además de su belleza física era atractiva por su inteligencia,
suavidad, dulzura; fabulosa y dinámica
visión para los negocios en los cuales era tan exitosa como en sus actividades
profesionales.
Mi sueño de tenerla, sentirla,
acariciarla, disfrutarla y estallar juntos de pasión y de placer se había ido
esfumando con el paso del tiempo, habiéndome conformado en mantener una buena
amistad. Un día le escribí un e-mail para preguntarle por su vida y con
sorpresa recibí la noticia de que se encontraba en Madrid en un viaje personal repentino. Salimos a
cenar y compartimos unas copas en un reservado bar de Calle Vallehermoso, entrelazamos nuestras manos mientras cada uno relataba
los últimos hechos relevantes de su vida. Finalmente, al llevarla a su hotel
esperaba un beso de despedida en la mejilla cuando con gran emoción sentí que
nuestros labios se unieron en un rosario de besos intensos, apasionados que
aceleraron nuestros corazones y el ritmo de nuestras respiraciones.
Entramos en la habitación unidos
por las manos, estrechamos nuestros cuerpos y volvimos a unir nuestros labios,
nuestras lenguas en una serie de besos llenos de pasión, los cuerpos se sentían
y la respiración se convertía en un delicioso jadear.
Las caricias nos llevaron a irnos
despojando de la ropa para permitir que nuestras pieles se conocieran y nuestros
labios, nuestras manos y nuestra lengua realizaran una deliciosa exploración de
cada centímetro de nuestros más íntimos rincones.
Nos sentimos, abrazamos, besamos
y acariciamos con gran pasión, me deleité con la redondez y firmeza de sus
senos y la textura de sus pezones, sentí la abundante lubricación de su sexo
que facilitaba el movimiento de mi lengua y las suaves chupaditas de mis labios
a su gallito agrandado y endurecido por la excitación, mi lengua continúo su
exploración hasta sentir sus gemidos y gritos de placer y explosión en una
serie de orgasmos que la llevaron al éxtasis.
Me colocó boca arriba, comenzó a
moverse sobre mí invitándome para que acariciara sus hermosas y grandes tetas
mientras mi miembro en su máxima expresión de tamaño y dureza entró en su túnel
caliente y generosamente lubricado; comenzó una deliciosa cabalgata en la cual
la velocidad y el ritmo fueron subiendo hasta que nuevamente volvimos a
estallar llenándonos de gemidos, gritos y placer.
Colocó su cabeza sobre mi pecho,
me pidió que la abrazara para sentirse segura y protegida y nos quedamos dormidos
con la sensación de estar despertando de un sueño.