Acabo de colgar el teléfono y algo sacude mi cuerpo, mi imaginación nuevamente corre en tu búsqueda. Me has dejado iniciada, empiezo a recordar nuestro último encuentro, tanta piel y ¡que sexo!.
¿Estaré condenada a desearte?, sálvame Dios que castigada me encuentro…
Absuélveme de mis pecados y deja que sea una fiel esclava del santísimo.
Aquella noche inicié un juego inocente de mensajes, tenía que sacar de mi tanta pasión, ardía por dentro, necesitaba desahogarme.
Monseñor:
Tu daga poco a poco apremiará mi ser, fundido a mí merecerás la recompensa ante tanta espera, será como el galardón ante una excelente cruzada, pobre de ti…. Descansar para cargarte! jamás, cortaré metros de mi cuerpo con tu puñal, aquel que secuestrado ante mis deseos estará y que conocerá la tortura ante tanto deseo.
Llevo conmigo una innumerable lista de pecados, y no es mi culpa, mi monseñor, que tenga que usted que condenarse junto con esta servidora de la iglesia, pues una vez salgan mis palabras, convencida estoy que mis manos quietas no estarán, que mis palabras llegarán a usted como ráfagas de deseo… Aquellas que me impulsan a despojarme de mi hábito para escarmentar y vivenciar la carne que necesita ser educada. Busco en usted mi maestro, aquel que con su compañía me lleve a conocer los rincones del ardor, la lujuria y el amor, tal cual lo manda nuestro Señor.
Respetuosamente,
Sor
Esa pequeña nota fue el inicio de una noche llena de pasión
Sor:
No tiene sentido que te escondas. No es esa la manera como podrás limpiar tus pecados.
Lo mejor que puedes hacer para alcanzar tu salvación es venir a mi lado. Por la tuya y la de tu familia entera.
Ven a mi confesionario privado. En éste podrás decirme todos los pensamientos que te martirizan y junto conmigo podrás liberarte de tanto pecado.
En ese lugar, cálido y confortable enterraré mi daga hasta lo más hondo de tu flor roja para arrancarte alaridos de placer.
Tú tendrás que recostarte boca abajo con tu culo desafiando mi instrumento y las piernas abiertas, los pies tocando el suelo y tu coño sudando el placer del amor, goteando el pegajoso líquido que unirá tu vagina con mi pene en un delgado hilo transparente
Allí, mi querida Sor, procederé al acto de tu redención.
Te penetraré hasta el fondo. Tú apenas gemirás, en medio de tu timidez, conteniéndote y toda ruborizada por sentir lo que estas sintiendo y a medida que te meto y saco mi verga, perderás el pudor y gritarás pidiendo que te parta el coño hasta lograr la redención total.
Al final de esa faena mi querida Sor, podrás irte en paz, con el deber cumplido y feliz de haberle cumplido a tu familia.
Por eso, te repito, no tiene sentido que te escondas.
Atte,
Monseñor
Cómo eres capaz de calentarme con tus palabras, cómo te deseo aquí, junto a mí. Me detengo frente a la computadora y te respondo, mientras siento cómo mi coño esta húmedo….
Mi Monseñor:
El sólo pensar en cada una de las penitencias que su majestad podría colocarme encima - se me llena de líquidos mi sexo.
Tantos recuerdos llevo dentro y tantos deseos violentan mi tranquilidad, que ellos rompen mi pudor y sosiego.
Subiré sin bragas las escaleras, no sin antes cerciorarme que tu mirada en mi culo apunte, rogando a Dios que me sigas como pastor a la oveja perdida… Tómame de una vez por todas, en el campanario, en el confesionario, en el altar, en la sacristía; Imploraré al santísimo que tú, mi señor, puedas introducirme tu cirio bendito, tu nabo santificado, tu escoba venerable, mmm quiero que rompas la lejanía de pasión, que llenes de tu leche mi frente, que me bendigas con tus manos y que juntos oremos proclamando otro encuentro.
Sor
Sólo tú sabes cómo hacerme sentir sedienta, arrecha, no puedo ocultar las ganas de sexo, mi coño contraído sólo desea tu presencia
Sor
Créeme que te meteré el cirio y te lo fundiré dentro, la secreción de tu sexo anunciará tal castigo, antes de ello te lo tocaré como una señal de la cruz, le prepararé para el sacramento y, como siempre, se derramará de placer al sentir mi mano angelical…querida hermana “Sor Deseo”. Suplicarás a gritos a María…y te pediré silencio en nombre de Dios porque estas oraciones se rezan para adentro; tú no rezas para unirte con Dios, tú imploras a gritos para que entre entero en ti, en una especie de retorno de todo el cuerpo a tu vientre.
Dicho en arameo, te sobaré, te chuparé las tetas, te lameré el coño, vaciaré en él mi deseo y te culearé hasta retorcerte de gozo. Sólo podrás gemir…en silencio.
Atte,
Monseñor
Siento no poder más, te imagino frente a mí con tu sotana y yo una humilde servidora a tus pies. Has conmigo según tu voluntad, oh mi monseñor.
Monseñor
Sólo sé, que su daga poco a poco apremiara mi ser, fundido a mí merecerás la recompensa ante tanta espera, Será como el galardón ante una excelente cruzada.
... Y pobre de ti…. ¡Descansar para cargarte!... jamás, cortaré metros de mi cuerpo con tu puñal, aquel que secuestrado ante mis deseos estará y que conocerá la tortura ante tanto deseo.
Llevo conmigo una innumerable lista de pecados, y no es mi culpa que tenga usted que condenarse junto con esta servidora de la iglesia, pues, una vez salgan mis palabras,... y convencida estoy que mis manos quietas no estarán, que mis palabras llegarán a usted como ráfagas de deseo… Aquellas que me impulsan a despojarme de mi hábito para escarmentar y vivenciar la carne que necesita ser educada, busco en usted mi maestro, aquel que con su compañía me lleve a conocer los rincones de la ardor, la lujuria y el amor, tal cual lo manda nuestro Señor.
Monseñor… que así sean todas tus palabras, que condenada este a esta realidad.....
Espero pronto tener el placer de visitarle en la curia, poder trabajar cuerpo a cuerpo por sanar del mal camino tantas almas. Luchar con sudor la indiferencia por la pasión que tantos seres humanos viven. Poder dejar el ayuno, saciarme de alimentos, todo para poder cumplir la penitencia como manda la santa iglesia.
Una devota y seguidora
Sor