Era tarde y por mi ventana veía pasar las personas a paso de marcha, risas y rostros alegres me hacían envidiar a quienes se encontraban caminando por la Gran Vía.
En mi cuarto, sola y en ropa de encaje negra, deseaba una aventura, una fantasía, me consumía el deseo, las ganas de sentirme viva una vez más. Pero mi pequeño tobillo pedía un descanso y el ortopedista me envió dos días de reposo.
Maldigo una vez más a ese hombre apuesto, a quien se le notaba un pistón de primera, grande mmm, no miento cuando digo que lo vi observando y deleitándose con mi cuerpo.
Sentí cómo deseaba cogerme allí en su consultorio, y como sus temores ganaron la lucha frente a sus deseos.
Paso una y otra vez los canales del televisor, Tv5, Tv4 … y paro al observar un coño húmedo deseando ser penetrado, siento que me identifico con él, deseo algo, deseo un pito… Mi coño está que arde, húmedo y ganoso.
Pienso rápidamente, y tomo mi bolsa, allí en el fondo esta su número, le llamo con la excusa de sentir dolor, un malestar caliente, un cachondeo…mmmm, al otro lado del auricular una voz grave y masculina me contesta, era él, el hombre que deseaba estuviera allí saciándome con su lengua, sus dedos, su polla.
Conversamos sobre mi pie, y poco a poco la conversación se fue subiendo, ya el calor se me tornaba insoportable, quería más, necesitaba su presencia. Hablamos de mi color de piel, de la redondez de mis tetas, lo paradito que era mi culo…mmm.
Sus palabras ardían dentro de mi cuerpo, sujetar el teléfono era una tortura ya que impedía que acariciara mis tetas paraditas, pues la otra en mi cofre ya estaba, y mmm mojados mis dedos estaban. Quería hacerlo sufrir, quería que me deseara, que llegara y pidiera más, que me necesitara como un antídoto, como una adicción...
Esa noche sólo sé que un mar en mi ser tenía, cansada había logrado venirme una y otra vez, gracias a la atención de mi inigualable ortopedista.
A los pocos días, iniciamos una guerra de mensajes mojados, los llamamos así porque nos ponían a mil, hacía que nuestros jugos sexuales se desbocarán en cantaros.
Fue así, como el martes finalizando el invierno tomé mi coche y conduje hasta él… me estacioné a la salida del hospital pidiendo que Dios se apiadará de mí, tenía tantos deseos de sentirlo dentro de mi sexo, comenzaba a retorcerme, cuando lo vi llegar en su auto. Le llamé y lo cité afuera, una vez más estábamos cerca, sólo que esta vez sabía lo que queríamos del otro realmente.
Conduje hasta un lugar cerca de las ramblas, una calle cerrada.
Nuestras bocas se pegaron como imanes que convulsionan, mi sexo desprotegido sin nada quería ser poseído, levanté con mi mano el animal erguido y con mi boca intenté domarlo, una y otra vez lo lamí con fuerza, lo chupé hasta brillarlo mientras él tocaba mis nalgas e introducía su dedo por mi culo, mmmm, quería morir lo quería adentro y me monté encima, lo cabalgué, los vidrios de mi carro están empañados era tanto el calor que chocaba con el frío exterior. Me mordía, apretaba, y pellizcaba mis tetas, no podía creer lo que sentía, estaba en medio de la calle, la gente pasaba al lado de nuestro carro. ¡Silencio! le decía, pero el movimiento del carro de lado a lado era imposible de evitar. Cuando menos pensé, introdujo su pene fuertemente contra mi culo, que dolor tan excitante, sentía que me abría, mmm quería más, ¡con fuerza! le susurré, no podíamos más, y me regaló su leche.
Un lunes en la mañana, al cabo de unas tres semanas de llamadas y correos, me levanté después de un gran sueño mojado, así que le envié un mensaje a su email, esperando que lo contestara. Mis líneas inocentes fueron simplemente las siguientes:
Mi gran tortura: Es extraño sentir cómo mi primer movimiento al abrir mis ojos esta mañana, es lanzarme al computador, como si al ingresar, encontrara el elipsis de amor, la ración para seguir, el aire que me llena, la extensión de felicidad que me embarga…. Y es que desde que entraste en mi vida me siento afortunada, eres lo MEJOR que me ha pasado.
Tal vez en estos instantes duermes… qué no daría yo por tenerte dentro de mí y poseer tus pensamientos, deseo un segundo más… te quiero dentro.
En tan sólo diez minutos picó mi anzuelo, sus palabras aún hacen eco en mi cabeza.
¿Cómo sueña usted que yo le toco su pecho? ¿Cómo se atreve a pensar que le pongo mi mano en su nalga? ¿Que yo penetro en su intimidad? ¡Horror! ¿Acaso existe algún resquicio o algún orificio por donde yo pudiera entrar? ¿Acaso me siente con tantas ganas? ¡Infamia! ¿No tendrá usted fantasías de que su olor de hembra me excita? ¿Se siente usted tan hembra?
Cada una de las letras cumplía la función de trastornarme, como me calentaba, quería más. Por lo que contesté:
Mi tortura: Son tan grandes mis deseos como profunda mi necesidad, es tan fuerte lo que siento por ti que es imposible evitar que esta locura permanente repercuta la imaginación de mis noches.
No sólo sueño que tocas mis pechos, mis nalgas o que resaltas tu propiedad en mi intimidad. ¿Pero cómo no soñar? .... soñar que una vez más puedo sentir: tu cuerpo junto al mío, la respiración de mi ilusión hecha realidad, tus manos en mis cabellos o el deseo de poder sentar mi cabeza en tu pecho…..
Tal vez, la distancia impida tenerte cerca, pero no podrá evitar que te lleve acá junto a mí y que día a día este condenada a revivir mis fantasías una y otra vez, para satisfacer no sólo mi ego sino también darle alimento a la que hoy aunque mía es tuya… “mi calentura”.
Una vez más sus palabras se me introducían en mi cuerpo y mi sexo ardía por tenerlo, cada una de sus palabras me excitaba:
…Y ahora tengo tiempo para contarte que te pienso mucho, parezco un idiota, un lelo. Por momentos me siento traicionando mi cordura, pero hay algo potente que me lleva a ti, seguro que le pusiste un elixir a tus besos, que había una trampa en tu cuerpo, que escondía algo tu sexo, que tus palabras tenían hechizo. Vaya rabia la distancia, no permite compartir el deseo. Quiero comerte una vez más…
Por más que intentamos, fue imposible continuar, yo quería un macho a mi lado, yo quería sexo todas las noches entre mis sabanas…
¿Podrás ser tú? No pierdo la esperanza de encontrarte.
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