martes, 19 de abril de 2016

CITA PARA TOMAR EL TÉ

Hace ya 15 años salimos del colegio, hoy todas nos encontramos alrededor de los treinta.

Vanesa me contactó mediante las redes sociales, ella siempre fue muy llamativa, no sólo por tener varios chavales detrás de ella, sino también por iniciar nuestros conocimientos en el mundo de la pasión y coquetería.
Por las fotos observaba que seguía siendo hermosa pero me moría de la curiosidad por conocer un poco más de su vida, confieso que el cotilleo es algo que a casi todas las mujeres nos encanta.

Al llegar me sorprendió: Vanesa seguía siendo una mujer hermosa, tal y como en el colegio. Su manera de caminar, contextura, cuerpo, cabello hacia que su presencia no pasará desapercibida para ningún hombre o mujer del café.

Después de intercambiar experiencias laborales, académicas, llegamos a un tema que sabía no faltaría tratándose de Vanessa: su vida de pareja pero en el campo sexual. Me mostró fotos de su esposo, el cual estaba de muerte, la verdad envidié a mi compañera una vez más.

De todas las experiencias que me contó, hay una que se me quedó clavada en mi mente, sé que no la podré vivir jamás con mi esposo, pero tengo la esperanza que algún día pueda conocer a un hombre que me alcahuetee y me acompañe activamente en ella.

Sucedió el 4 de enero de este año, su esposo llegó a casa con un par de la oficina radicado en Londres. Ella se encontraba leyendo en el sofá de la biblioteca un libro que había logrado despertar su curiosidad “El gran libro del sexo” lo había comprado aquella mañana en la Casa del Libro de la Gran Vía.
Como no esperaba visitas se encontraba con una camiseta blanca que dejaba ver claramente su sostén de encaje, un short corto, puesto que tenía encendida la calefacción.

Sintió la llegada de su esposo, quien de manera casi inmediata mencionaba su nombre para saber si se encontraba en el hogar, se paró y con el libro en mano se desplazó  a saludarlo. Cuál fue su sorpresa cuando vio que estaba acompañado de un hombre maduro bastante conservado.

Pidió excusas por su manera de vestir y sin pensarlo, mostró la carátula del libro para explicar que estaba leyendo y que buscaba comodidad para disfrutarlo. Su esposo sonrió y le dio un beso apasionado en frente de Peter.

Se retiraron los abrigos y colocaron las maletas en la mesa del pasillo correspondiente a la entrada. Pasaron a la barra para servirse una copa de vino, Vanesa sentía las miradas de lujuria de su esposo y, lo que era incómodo, de Peter también.

Mariano, su esposo, dejó su copa a un lado y le extendió sus brazos para que Vanesa diera los cuatros pasos que lo separaba, al llegar a él la abrazo por la cintura y le dijo a su oído, ¿te ha gustado Peter?, te lo he traído para que lo disfrutes, ¿te gusta la idea mi amor?, su boca se posó en su cuello dándole pequeños mordiscos como si quisiera anticiparle lo que estaba por vivir.

Vanesa me comenta que sintió grandes corrientazos por su cuerpo, especialmente en su sexo que empezó a lubricarse.

Pasaron  a la sala en donde suavemente Mariano le quitó las pocas prendas que llevaba puestas. Tomó su corbata y cubrió con ella los ojos de Vanesa, como quien desea despistar a la presa.

Ella tan sólo escuchaba las expresiones de morbo pero cargadas de deseo que decían Mariano y Peter, ellos podían observar como su vulva crecía de tamaño al igual que sus pezones.

Sintió una mano fuerte tocar su pecho izquierdo, mientras otra distinta tocaba el interior de sus genitales, comenzó a gemir. Era imposible saber cuál era la mano de su esposo y menos los labios que comenzaron a cubrir sus cuello y pecho o aquella que comenzó a meterse en su conchita.

Sus manos estaban paralizadas tomando fuertemente el cojín que se encontraba en su cabecera. Logró diferenciar que Peter estaba a su izquierda por la manera como respiraba, así que aprovechó y busco con su mano izquierda su verga.

La halo contra su boca pero prefirió arrodillarse, comenzó a metérsela hasta el fondo, hasta sus guevas las entraba y chupaba, - “estaba rico, delicioso” me comentó Vanesa, en quien observaba algo de morbo y placer mientras continuaba narrando.

Peter me tomaba del cabello para sentir que mandaba el ritmo de mi autopenetración, mi esposo abrió mis piernas y comenzó a lamerme el culo y meterme poco a poco sus dedos dentro de él.
Estaba tan mojada, mi respiración era cortada por mis gemidos mientras me comía ese fino pistón.

Mi esposo me tomó en cuatro y comenzó a penetrarme el culo mientras seguía chupándosela a Peter, las manos de Mariano golpeaban mi culo mientras que las de Peter halaban fuertemente mi cabello. Entraba a romper esa verga de mi esposo, sentía que dentro me estallaba, me quemaba, pero de ese chimbo de Peter lograba saborear sus jugos seminales una y otra vez.

Sorpresivamente Mariano me levanto tomando mis tetas, me inclinaba y enderezaba, era un dolor intenso pero excitante, me quitó la venda y mi primera imagen fue la de Peter sacándole brillo a su gran bastón, así que me incorpore y me senté encima de Peter dándole la espalda, metiéndome toda su gran verga por mi conchita, tomé con mis manos el chimbo de Mariano y comencé a brillarlo con mis labios, con mi lengua. Sentía que me venía una y otra vez.

Le indique a Mariano que se acostará, quería cabalgarlo, posé mi pecho sobre el suyo para llegar a sus labios, cuando Peter me abrió las piernas, colocó una de sus manos en mi espalda y me montó irrumpiendo mi huequito, sus huevos me tocaban fuertemente. Mis gemidos eran fuertes, sentía que me moría, las gotas de sudor recorrían mi cuerpo, la garganta hacía casi imposible modular palabra. Podía sentir como todos tres estábamos que estallábamos. Primero llegó Peter quien lleno de lava blanca todo mi culo, luego como dos amantes cómplices Mariano y yo.

Los tres sobre el tapete quedamos estáticos, el olor a sexo delataba nuestro gran encuentro.

Una vez me duché y estaba arreglada, digna para la cena, departimos un delicioso plato en compañía de Peter, un gran amante. Esperamos nos visite el próximo mes cuando deba venir a trabajar con Mariano”.