Hace ya 15 años salimos del colegio, hoy todas nos
encontramos alrededor de los treinta.
Vanesa me contactó mediante las redes sociales, ella siempre
fue muy llamativa, no sólo por tener varios chavales detrás de ella, sino
también por iniciar nuestros conocimientos en el mundo de la pasión y
coquetería.
Por las fotos observaba que seguía siendo hermosa pero me moría
de la curiosidad por conocer un poco más de su vida, confieso que el cotilleo
es algo que a casi todas las mujeres nos encanta.
Al llegar me sorprendió: Vanesa seguía siendo una mujer
hermosa, tal y como en el colegio. Su manera de caminar, contextura, cuerpo,
cabello hacia que su presencia no pasará desapercibida para ningún hombre o
mujer del café.
Después de
intercambiar experiencias laborales, académicas, llegamos a un tema que sabía
no faltaría tratándose de Vanessa: su vida de pareja pero en el campo sexual.
Me mostró fotos de su esposo, el cual estaba de muerte, la verdad envidié a mi
compañera una vez más.
De todas las experiencias que me contó, hay una que se me
quedó clavada en mi mente, sé que no la podré vivir jamás con mi esposo, pero
tengo la esperanza que algún día pueda conocer a un hombre que me alcahuetee y
me acompañe activamente en ella.
Sucedió el 4 de enero de este año, su esposo llegó a casa
con un par de la oficina radicado en Londres. Ella se encontraba leyendo en el
sofá de la biblioteca un libro que había logrado despertar su curiosidad “El
gran libro del sexo” lo había comprado aquella mañana en la Casa del Libro de
la Gran Vía.
Como no esperaba visitas se encontraba con una camiseta
blanca que dejaba ver claramente su sostén de encaje, un short corto, puesto
que tenía encendida la calefacción.
Sintió la llegada de su esposo, quien de manera casi inmediata
mencionaba su nombre para saber si se encontraba en el hogar, se paró y con el
libro en mano se desplazó a saludarlo.
Cuál fue su sorpresa cuando vio que estaba acompañado de un hombre maduro bastante
conservado.
Pidió excusas por su manera de vestir y sin pensarlo, mostró la carátula del libro para explicar que estaba leyendo y que buscaba comodidad
para disfrutarlo. Su esposo sonrió y le dio un beso apasionado en frente de Peter.
Se retiraron los abrigos y colocaron las maletas en la mesa
del pasillo correspondiente a la entrada. Pasaron a la barra para servirse una
copa de vino, Vanesa sentía las miradas de lujuria de su esposo y, lo que era
incómodo, de Peter también.
Mariano, su esposo, dejó su copa a un lado y le extendió sus
brazos para que Vanesa diera los cuatros pasos que lo separaba, al llegar a él
la abrazo por la cintura y le dijo a su oído, ¿te ha gustado Peter?, te lo he
traído para que lo disfrutes, ¿te gusta la idea mi amor?, su boca se posó en su
cuello dándole pequeños mordiscos como si quisiera anticiparle lo que estaba
por vivir.
Vanesa me comenta que sintió grandes corrientazos por su
cuerpo, especialmente en su sexo que empezó a lubricarse.
Pasaron a la sala en
donde suavemente Mariano le quitó las pocas prendas que llevaba puestas. Tomó
su corbata y cubrió con ella los ojos de Vanesa, como quien desea despistar a
la presa.
Ella tan sólo escuchaba las expresiones de morbo pero
cargadas de deseo que decían Mariano y Peter, ellos podían observar como su
vulva crecía de tamaño al igual que sus pezones.
Sintió una mano fuerte tocar su pecho izquierdo, mientras
otra distinta tocaba el interior de sus genitales, comenzó a gemir. Era
imposible saber cuál era la mano de su esposo y menos los labios que comenzaron
a cubrir sus cuello y pecho o aquella que comenzó a meterse en su conchita.
Sus manos estaban paralizadas tomando fuertemente el cojín
que se encontraba en su cabecera. Logró diferenciar que Peter estaba a su
izquierda por la manera como respiraba, así que aprovechó y busco con su mano
izquierda su verga.
La halo contra su boca pero prefirió arrodillarse, comenzó a
metérsela hasta el fondo, hasta sus guevas las entraba y chupaba, - “estaba rico,
delicioso” me comentó Vanesa, en quien observaba algo de morbo y placer mientras
continuaba narrando.
Peter me tomaba del cabello para sentir que mandaba el ritmo
de mi autopenetración, mi esposo abrió mis piernas y comenzó a lamerme el culo
y meterme poco a poco sus dedos dentro de él.
Estaba tan mojada, mi respiración era cortada por mis
gemidos mientras me comía ese fino pistón.
Mi esposo me tomó en cuatro y comenzó a penetrarme el culo
mientras seguía chupándosela a Peter, las manos de Mariano golpeaban mi culo
mientras que las de Peter halaban fuertemente mi cabello. Entraba a romper esa
verga de mi esposo, sentía que dentro me estallaba, me quemaba, pero de ese
chimbo de Peter lograba saborear sus jugos seminales una y otra vez.
Sorpresivamente Mariano me levanto tomando mis tetas, me
inclinaba y enderezaba, era un dolor intenso pero excitante, me quitó la venda
y mi primera imagen fue la de Peter sacándole brillo a su gran bastón, así que
me incorpore y me senté encima de Peter dándole la espalda, metiéndome toda su gran
verga por mi conchita, tomé con mis manos el chimbo de Mariano y comencé a
brillarlo con mis labios, con mi lengua. Sentía que me venía una y otra vez.
Le indique a Mariano que se acostará, quería cabalgarlo, posé
mi pecho sobre el suyo para llegar a sus labios, cuando Peter me abrió las
piernas, colocó una de sus manos en mi espalda y me montó irrumpiendo mi
huequito, sus huevos me tocaban fuertemente. Mis gemidos eran fuertes, sentía
que me moría, las gotas de sudor recorrían mi cuerpo, la garganta hacía casi
imposible modular palabra. Podía sentir como todos tres estábamos que
estallábamos. Primero llegó Peter quien lleno de lava blanca todo mi culo,
luego como dos amantes cómplices Mariano y yo.
Los tres sobre el tapete quedamos estáticos, el olor a sexo
delataba nuestro gran encuentro.
Una vez me duché y estaba arreglada, digna para la cena,
departimos un delicioso plato en compañía de Peter, un gran amante. Esperamos
nos visite el próximo mes cuando deba venir a trabajar con Mariano”.
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