Si en alguna oportunidad alguno de nuestros amigos tan
siquiera propusiera espiar a mi vecina, pensaría que están locos y tal vez me
liaría un poco.
Sin embargo, hoy en medio de la mañana, la imagen de mi
vecina Lorna captó mi atención, no podía creerlo, así que llamé a mi esposo Ómar
para que disfrutara conmigo lo que mis ojos veían.
Lorna era una mujer agraciada pero jamás me había detenido a
repararla, tendría unos 30 años, delgada, con un culo y unas tetas que por lo
que observaba pararían el tráfico. Y por la respiración de Ómar notaba que no le era nada indiferente.
Lorna estaba sentada en un sofá al lado del jardín, tenía su vestido negro en la cintura, sus pechos estaban al aire y su panti dejaba
observar parte de su gran vulva.
Sus manos estaban explorando cada rincón de su cuerpo, introducía
suavemente sus dedos en la boca y comenzaba a masajear circularmente sus senos,
su cara se deslizaba hacia atrás suavemente mientras sus manos tocaban su coño,
podía ver sus largos dedos deslizarse
por su corte.
Estaba mojada y observé que el pene de Ómar estaba grande y con una de sus manos se tocaba disimuladamente, sabía claramente que la fiesta aún
no había comenzado.
Lorna tomó un objeto brillante y se lo introdujo en su boca.
– Mira cómo lo lame, ella quiere comerse ese gran pito que tienes, quiere mamártelo,
chupártelo – La respiración de Omar se contraía, me gustaba sentirlo ganoso y excitado.
Suavemente Lorna introdujo el pene de metal en su concha, lo
entraba y lo sacaba, de la misma forma en que comencé a tocar la verga de mi
esposo.
Me excitaba verla con sus ojos cerrados, y aunque no
escuchaba sus gemidos podía imaginarlos para complementar la escena. Su coño
estaba abierto para nosotros, teníamos todo eso a nuestra disposición, me
encantaba lo que veía. Se sentó y con sus ojos abiertos nuevamente, el objeto volvió
a su boca, mientras con una de sus manos nos indicaba que quería que fuéramos.
Miré a Ómar como quien quiere tan sólo un estímulo para
pasar la puerta corrediza y estar a su lado, pero él tan sólo me dio un beso
mientras me metía la mano en mi concha y me susurro al oído: - ve y comete ese
coño, bríndame un verdadero show, demuéstrale la perra que eres –
Quería devorar a mi esposo, sabía de mis gustos y me conocía
tan bien que tenía claro que después de haber visto esa vulva, sería improbable
para mí rechazarla.
Camine hacia ella con mi sexo húmedo, ansioso y deseoso de
poseerla, mientras ella ya estaba sobre el sofá completamente desnuda explorándose
una vez más su cuerpo con sus dedos.
No quería esperar, mientras me acercaba iba retirando las
prendas de mi cuerpo, lo que quería era poder estrechar nuestros cuerpos hambrientos
y sentir que desde casa Ómar me sentía.
Se paró para recibirme pero las palabras sobraban en aquel
momento, comenzamos a besarnos mientras nuestras manos se desplazaban, empezamos
a acercar el cuerpo de la otra, así nuestros pechos se tocaban fuertemente y
nuestras conchas se frotaban. Comencé a besarle uno de sus pechos mientras mi
mano tocaba su chocha, sabía que Ómar me observaba, que con su mano se masturbaba, pero que daría lo que fuera por ser la mía dentro de Lorna.
Suavemente la dirigí al brazo del mueble y con mi boca entre
su intimidad le abrí sus piernas, quería que Omar viera la vulva que estaba a
punto de devorar. Mientras le introducía mi lengua abría mis piernas para que observará
mi culo abierto, deseoso de ser tocado. Le pasaba mi lengua, se la chupaba, la
lamia, ella tan sólo se movía y gemía.
Mis labios besaban los suyos y al meterle mi lengua en su
huequito sentía como la hacía mía, sus manos sostenían mi cabeza para evitar
que dejara de darle ese placer, mis dedos iniciaron a explorar mi sexo, los pasaba
rectos y duros entre mi culo y mi coño, haciendo presión en mi entrada, y
separando mis labios, quería engañar a mi sexo de ser penetrado.
Su mano pasó a tocarse y frotarse fuertemente sus tetas,
intenté pararme pero ella quería que la lamiera, chupara más. De un momento a
otro se inclinó y me paro, comenzamos a besarnos, estaba a mil. Me giro y me sentó
en el brazo del sofá e inicio ella a explorar mi coño, no podía moverme estaba
maravillada de cómo me comía, era una experta en mí. Quería abrirme para que no
quedará ni un espacio sin que ella o yo disfrutáramos. Su lengua era mágica, ver
sus ojos mientras su rostro estaba dentro de mí producía una excitación jamás
vivida, metió tres de sus dedos en mi cueva y comenzó a moverlos y friccionar
mi chocha, sus labios se los mordía y pasaba su lengua, era una chispa para mí.
Me pasó sus dedos mojados de mis jugos y me los introdujo en
mi boca, para nuevamente regresar a mi coño. No puedo creer, olvidé que Omar me
observaba y comencé a temer que pudiera sentir celos de esta nueva puerta
abierta al placer.
Lorna me miro y como si de cómplices se tratase me invitó a
sentarme frente a ella, sus dedos comenzaron a introducirse en su coño, se
estaba masturbando para mí, así que yo comencé a darle el mismo placer que me ofrecía.
Ese cuerpo perfecto, sus grandes tetas, su hermoso culo todo
estaba a mi vista, verla masturbándose para mi, hacía que me mojara una y otra
vez.
Se acostó en el piso boca arriba y me pidió que me arrodillara
y le ofreciera mi concha, mientras que yo me inclinaba y saboreaba al igual que
ella, el elixir del mejor sexo jamás tenido. Era tan alto el nivel de
sensaciones que no podía concentrarme, mi coño abrigaba su lengua y mi culo sus
dedos, sentía estallar y por otro lado mi boca se comía esa gran chocha, a la que
obligaba a abrirse para ver sus huequitos y comérmelos todos.
Nuestros cuerpos comenzaron a contraerse fuertemente, nuestros dedos colaboraron para terminar el gran festín; gemimos, nos retorcimos
pero yo quería venirme a chorros frotando nuestros coños y besándonos como
cuando me recibió en su jardín.


