viernes, 18 de marzo de 2016

¿TAL VEZ FUE LA GINEBRA?

En medio de la conversación acompañada ya de unos cuantos tragos de ginebra y tónica, hace un mes exactamente, sentí que Any comenzó a mirarme distinto, lo extraño para mí fue que la comencé a ver diferente, me atraía, ver su boca rosada me despertó unos deseos inimaginables por besarla.

No me atrevía a insinuar nada, y menos teniendo en cuenta que Any nos había invitado a Tom y a mí para departir y conversar sobre nuestro laborío, en fin, departir un rato entre amigos.

Pedí a Any prestado su baño, allí pude darme cuenta que estaba inundada, no pude evitar pasarme mis dedos para intentar darme un poco de lo que deseaba. Me lavé mi cara para ayudar a despejar mi mente, pues mi cuerpo ya sentía venir algo distinto.

Al llegar nuevamente a la sala, la imagen que observaba no la podía creer, Any estaba besándose con Tom. Nuestro Tom había sido nuestro compañero por más de seis años y jamás había pasado algo entre nosotros; acampar, tomarnos unas cañas, estudiar hasta tarde, ir a cine, habían sido actividades usuales sin que se presentara un enlace íntimo entre nosotros.

Pero lo que más me sorprendía era el grado de placer que esa escena me producía. Any se levantó del sofá y me extendió sus brazos, yo sólo caminé hacia ella. Una vez frente a ella, tiernamente corrió los cabellos que tenía sobre mi cara, tocó mi mejilla y su mano de depósito alrededor de mi nuca y muy sutilmente me inclino hacia ella. Mi corazón estaba a mil pero mi cuerpo se encontraba inmóvil, sus labios tocaron los míos y ellos comenzaron lentamente a responder a sus caricias.

Sus manos empezaron a tocar sutilmente las tiras de mi blusa y brasier, deslizándose lentamente sobre mi brazo, lo que permitió dejar al descubierto parte de mi busto. Su boca comenzó a rozar mi cuello, haciendo que mi cabeza se inclinara para no estorbar o impedir sus besos.
Tomó mi blusa desde la cintura y la fue recogiendo, sumándole mi brasier, las subió y sin una sola palabra entendí que debía subir mis brazos para contribuir en la despojada de aquellas prendas que impedían continuar. Mis pechos al aire, requerían compañía y como quien imita un comportamiento realicé los mismos movimientos para retirar de su cuerpo la camiseta blanca y su sostén.
Sus labios nuevamente se acercaron a los míos, nuestras tetas erguidas y duras se tocaban, no podía dejar de besarla y tocar su espalda, estaba tan excitada que me era imposible pensar en otra cosa distinta a ella.
Seguíamos besándonos como si nuestros labios fueran imanes, mientras nuestras manos mutuamente acariciaban los senos de la otra. Sus tetas eran redondas y erguidas, su pezón estaba duro y protuberante, los masajeaba temiendo revelar mis deseos por tenerlos en mi boca.
Any bajo sus manos e inició a retirar mis jeans y pantis, me apoyé en sus hombros para levantar una y luego la otra pierna, con el fin de facilitar su objetivo.

Ella se levantó lentamente y nuevamente su boca fue depositaria de mi saliva, quería en un beso que sintiera la locura que por dentro sentía. Sus manos guiaron las mías y comprendí que debería ayudarle a retirar de su cuerpo las pocas prendas que aún tenía encima. Me temblaban las piernas, las manos al sentir su conchita al aire libre, frente a mi rostro. Quería tocarla pero temía asustarla, no sabía cómo debería actuar.

Me incorporé en mi postura inicial como quien espera indicaciones de su instructora. Any me llevo con dulzura tomada de la mano a sentarme sobre la alfombra grande que se encontraba en medio de los dos salones, e invitó a Tom quien ya estaba sólo con su bóxer.

Tom se acostó boca arriba dejando su rostro cerca de mi conchita, mientras que Any gateaba entre sus piernas para alcanzar su mástil, al llegar podía verse cómo su pene estaba en su máxima expresión. Con su boca lo buscó como quien desea comprobar su hipótesis, le retiró su prenda y el falo se levantó.
Tom con sus manos buscó mi cueva y comenzó a explorar con sus dedos, mientras yo observaba cómo Any introducía esa verga una y otra vez en su ganosa boca, mis manos volvían una vez más a buscar sus senos, comencé a apretarlos y masajearlos.

No sabía que me tenía a punto de explotar, si el que Tom pasara sus dedos por mi culo, me introdujera sus dedos por mi concha y el que me golpeara fuertemente mis nalgas, o ver la cara de placer de Any y Tom, o mejor aún, tener las tetas de Any en mi boca.
Any me miró y me indicó que era hora de chupar esa gran verga, mientras ella succionaba sus testículos era imposible evitar que nuestras lenguas se unieran y robarnos un beso apasionado mientras reemplazamos nuestras bocas con las manos en el pene de Tom.

Los labios de Tom se veían sedientos, ganosos, lo que me invitó a arrodillarme a la altura de su rostro y dejar caer mi clítoris. Any me siguió y a mis espaldas se clavó la verga en su concha. Aunque no podía ver a Any sentía su excitación a través de Tom.

Los dedos de Tom abrieron mis labios mientras su lengua perforaba mi coño, su lengua iba y venía al ritmo de la cabalgata de Any, mis jugos ya estaban esparcidos, y temía no poder con tantas sensaciones, los gemidos eran dominantes y envolvían en deseo. Sin entender cómo estábamos las dos de rodilla ofreciendo nuestros culos a él.
Comenzó conmigo introdujo ese gran pito en mi hoyito y con sus manos perforaba el culo de Any, gemimos ante un dolor placentero mientras volvíamos a unir nuestros labios.

Nos giramos y solo podía colocar atención a el cuerpo de Tom, jamás me había precavido de sus músculos marcados, jaló la pierna derecha de Any mientras le introducía su verga en la conchita. Yo no podía desperdiciar la oportunidad de tener nuevamente sus tetas en mi boca, ella pedía mi boca sobre la suya, nos besamos una y otra vez.

Le pedí a Tom que se acostara, quería sentir otra vez su falo pero en mi vagina, mientras Any recibía la lengua de Tom en su chocha.
Con dulzura y caricias en mi espalda y cuello Any me indicó que me bajara y comenzó a chupar la verga de Tom mientras comencé a acariciar con mis manos su concha. - mira cómo me como tus jugos, estoy saboreando el sabor de tu coño - me susurro Any, de manera agitada pero con gran excitación, tanta que logró que los tres de manera armónica nos derramaramos.

Hoy estoy ansiosa por verlos pues quedamos de encontrarnos en el apartamento de Tom para compartir unos buenos tragos de Ginebra.


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