sábado, 30 de marzo de 2013

MI PRIMERA VEZ


Sabía que esta noche iba a ser diferente, lo intuía por la manera como me observabas al salir del teatro. 
No sé si fue la maldad hecha deseo la que me llevó a despojarme de mi ropa interior en el tercer acto de la ópera.
No esperaste ni síquiera abrir la puerta cuando ya estaba tu mano entre mis pechos.
- ¡vamos a la sala de estar! Susurraste mientras me introducías tu lengua entre mis labios.
No sé en que momento encendiste la computadora, tal vez, porque estaba encendida de pasión.
Escuché, mientras me despojaba de lo poco que llevaba de ropa, una voz femenina que saludaba tímidamente.
Al levantar mis ojos, allí estabas sentada observándonos sin saber qué tendrías que hacer.
- Cómo te llamas te pregunté. Tanto Tom como yo estábamos maravillados con tus atributos físicos.
- Ann
Tom tomó el timón para iniciar lo que diría yo, el camino hacia tus brazos. 
Después de conversar cosas triviales, se podía percibir que los tres anhelábamos intercambiar no sólo palabras sino entrar en calor para sentir explosiones genitales. 
Comenzaste colocándote de pie frente a la camara, retirándote lentamente la poca ropa que te cubría. 
Te mire tímidamente porque tu cuerpo despertaba en mi una sensación jamás vivida, deseaba tenerte cerca para oler cada rincón de tu cuerpo, besar suavemente tus labios deslizandome sutilmente por tu cuello hasta llegar a tus pies. 
Podía sentir como me devorabas, sentía tus deseos de verme despojada de mi timidez.
Sé que Tom comenzó a intuir tu inclinación e interés hacia mi, tal vez por tu sutil pero excitante mordisqueo de tus labios mientras observabas mis senos y conchita afectada que dejaba a la vista la punta de mi gallo. 
Tom, sin darnos cuenta, estaba dándose igualmente placer con sus manos, siguiendo nuestro ejemplo; pues al compás, tu y yo las tetas y el final del vientre nos cogíamos. 
Veía cómo te metías tus deditos por el coñito que me lo abrías para que yo hiciera lo mismo. Me exponía mostrándote todas mis entrañas pidiendo que tu lengua saliera de esa gran pantalla.
Quería sentir el roce de nuestros montes, saborear tus senos redondos, tus labios carnosos y tocar ese culo, que al moverse invitaba a apretarlo. 
Tom quería que nos vieras y me sorprendí más cuando eras tú la que más lo incitaba a que ello sucediera. 
Tom deseaba mostrarte cómo su polla entraba en mi orificio anal mientras sus dedos ingresaban una y otra vez sin control ni ritmo. Era cómo si pretendiera tocar su pene con sus dedos atravesando mis entrañas. 
Sentir que veías mi concha, hacia que me humedeciera más, escuchar que le dijeras a Tom dónde tocar, ocasionaba orgasmos en cadena, era pensar y sentir que no era Tom quien me hacía suya sino que eras tú quien me amaba.
Continuamos sin control de tiempo, juegos inocentes hasta quedar exhaustos. Mientras saboreaba el placer que había sentido, nos miramos a los ojos y por extraño que parezca compartimos tu y yo, pero en secreto para Tom, que éste no sería nuestro único encuentro. 
A la mañana siguiente luego de traerte una y otra vez a mi mente, de tirarme a tus brazos y mojarme interminablemente a causa del deseo lujurioso que despertabas en mí, ingresé a la computadora para hallar la manera de contactarte. Allí estabas, mi cuerpo comenzó a palpitar, como quien condenado y avisado estuviera de lo que iba a disfrutar.
Te envíe mi mensaje lleno de ansias por sentir incluso más que la noche anterior. En él te deje mis datos de contacto esperando tus respuesta.
Dos horas después escuche tu voz, me llamaste para invitarme a conocer tu loft ubicado en la calle Reina Victoria en pleno centro de Madrid, acordamos encontrarnos en la estación de metro Guzmán El Bueno a las 3 de la tarde.
Llegue 10 minutos antes como quien va a la entrevista de su vida, había tenido tiempo para organizarme y estar lista para ti. 
Mientras subía las escaleras, al final de ellas, estabas esperándome. Tu sonrisa como la primera vez me cautivo de inmediato y tu lengua que apareció tímidamente me hacia temblar por los placeres que me podría ofrecer. 
Caminamos muy cerca la una a la otra en dirección a tu piso, al cerrar la puerta del ascensor después de marcar el 5 piso, sorpresivamente sentí tus labios carnosos y tersos en los míos. 
Mi corazón aún locamente latía y sentí que el ascensor se estremecía, salimos de allí, casi sin aliento y a toda prisa buscando estar por fin solas en el interior de tu morada. 
Nos arrojamos al sofá y metiste tu mano debajo de mi falda. Acariciando mis caderas mientras me besabas profundamente. 
Luego yo reaccione al ritmo que tu imponías y mis manos buscaron tus senos bajo tu blusa blanca, tus manos guiaron mis manos hacia tu sexo, él cual estaba húmedo e iniciaba un ritmo irregular ante mi toque. En ese instante inmensos escalofríos pasaban por mi espalda y más aún cuando tu boca comenzó a comerse lentamente mi secreto, sentía tu lengua ir y venir suavemente recorriendo cada rincón e introduciéndola por todos sus pliegues. 
De un momento a otro estabas encima mi coño en tu cara y el tuyo en la mía.
Comencé a mimar tu cueva como una buena alumna, sentía tus jugos brotando al ritmo de tus contorsiones. 
Tus gemidos y los míos sonaban como una serenata de amor, no queríamos parar. Sin embargo, volvieron tus labios a mi boca, como quien necesita confirmar que lo vivido es real. 
Tu monte al rozar con el mío me hacia subir, el éxtasis de un orgasmo delataba mi dicha.
Pronto sentí que la punta de Napoleón tu bien amado y fiel amigo ahora dentro mi coño estaba y que el otro extremo buscaba el tuyo.
No podía dejar de suspirar, la experiencia era sublime. Nuestros gemidos ocupaban toda la sala y temo que debieron escucharlos sus vecinos.
Desde ese día sin que Tom sospeche mi vulva es de ella.


martes, 26 de marzo de 2013

LÍNEA CALIENTE

Recuerdo aquella tarde, sentada en el largo sofá de mi sala, observaba cómo la lluvia se deslizaba por el cristal de mi ventana.
Hacia frió mientras esperaba que mi móvil diera muestras de interés.
Sentí el vibrar, esperaba una voz seductora al otro lado de la línea. 
Mi cuerpo anhelaba sentirse vivo, quería un orgasmo en aquella tarde.
- "Ola"-  susurré tímida y suavemente, con la voz cortada a causa de la emoción que en aquel momento vivía.
- ¿Cómo estas vestida? - preguntaste
fue en ese instante donde comencé a sentir cosquilleo en mi conchita, a la vez que se humedecieron mis labios vaginales
- Sólo tengo puesto un panti de color rosa encendido y una camiseta ajustada que deja al descubierto cómo mis pezones se ponen duros ante tu pregunta.
- ¿Dónde estas?
- En el sofá de mi sala, estoy semi-acostada con mis piernas recogidas, inquietas moviéndose al son de la lluvia. Y tú, ¿cómo estas vestido?
- Estoy desnudo, acostado en mi cama doble con la luz tenue, escuchándote mientras observo en silencio el canal Playboy.

- mmmm, y qué están presentando, acaso un especial de una deseable chimbita, un culito apretadito; o una historia con escenas de trío, lésbico?
- Estoy viendo Huge Hard Cock, Polla dura.
- Con ese nombre si que mola. Me encantaría estar allí junto a ti, para sacarte hasta la leche. Suspiré suavemente mientras te pregunté qué veías en la pantalla en esos instantes, estaba cachonda y sólo quería un poco de fuego.
- Sutilmente acostada se encuentra Kalani Lei, colocando al descubierto su lindo y húmedo gallo mientras le pasan rápidamente una y otra vez el dedito de la alegría, ella se retuerce y gime. Él comienza a introducirle uno, dos dedos queriendo romper ese coño.

- ¿Te gusta lo que ves?
- Me excita deleitarme viendo ese gallito al descubierto, y cómo él por mi le da su merecido.
- mmm, dime más, ¿qué ves ahora?
- Se acomodan en la parte trasera del auto y el saca una gran polla, para que ella se lo trague todo. Lo saborea, se lo traga, lo chupa, lo disfruta...
- mmm cómo quisiera tenerte aquí, no puedo quedarme quieta, estoy mojada, ganosa.
- Ella se come sus guevas, pasa su lengua en el largo del pistilo, su tronco brilla de tanta chupada. se ha puesto a mis espaldas, tan solo observo ese gran pene introduciéndose una y otra vez por su chimbita. Que culito tan apretadito y redondo, las manos de él lo aprietan como un trofeo..ahh
- Tienes un consolador? me preguntaste
- ¡Si!, y esta a un paso de mi, espérame un segundo. - ya lo tengo en mis manos. ¿Lo escuchas? 
- Si, mételo a tu boca, saborea mi chimbo duro, quiero que me sientas.
- mmm déjame metérmelo.
- Aun no, espera. 
- Moja tus dedos, pasa la lengua, moja tu chimbita con tus jugos salivales.
- mmm estoy húmeda, navega mi gallo en deliciosos jugos, me toco y no puedo evitar meterme uno, dos, mmm tres dedos, ay me encanta
- Uy mami, quiero verte,  te siento mía- quítate la blusa. ¿Tienes web cam?
- Si, pero no debo usarla con un cliente.
- ¿Cliente, mi amor? tu voz ha hecho que me enamore.

- Mi usuario de skype es 123orgasmoxxx. 
- Ya te llamo.
- No podía creerlo, llevaba 5 años en la compañía y jamás había compartido con un cliente algo más que llamadas. Pero más asombrosa fue mi reacción al verte, tu color de piel, tus grandes dotes fuertes y erguidas sobresalían en mi pantalla.
- me encantas, cómo te llamas?
- Karen
- Karen, que ricas tetas, tócatelas para mi.
- Pase mis manos una y otra vez sobre mis redondas y duras tetas, sintiendo un placer que explotaba sutilmente entre mis piernas.
- Ponte en cuatro, ¡déjame ver tu coñito y tus nalgas!
- ¡Que delicia de hembra eres! ¡cómo quisiera estar allí, para que me sientas bien adentro.
- Te puse mi culo frente a la cámara, sentía tu respiración agitada. Bajé mi cara para observarte, vi tu mano rodeando tu gran y erecto pistilo. Pasé saliva, era increíble como a tu miembro lo deseaba más que a nada en ese instante, quería brillártelo con mi lengua, aprisionarlo contra las paredes de mi boca.
- Introduce tu dedito, quiero verte como te retuerces de placer.
- Abrí mis piernas para que observaras mi coño. Ahí estaba todo para ti esperando ser penetrado. Mojé mis dedos y uno a uno lentamente los fui introduciendo en mi túnel, aquel que proclamaba tu presencia. mmm no podía evitar moverme, sentía ráfagas intensas dentro de mí, sabía que estabas a punto de estallar, tu respiración era más fuerte y rápida, susurrabas palabras que me encantaban y me ascendían más: "Puta rica" "mi perra" mmm... Tomé el vibrador, y mientras violentaba mi coño repetía tu nombre, dame más, rómpeme... no podía dejar de quejarme, sentía contraer mi gallito y con él, mis jugos vaginales delataban mi orgasmo. No podía dejar de moverme y gritar; ¡Hijo de puta!, repetía ante la dicha que ese día me brindabas.
- ¡Perra! me gritaste cuando salía de ti mi leche; desde aquel momento fui condenada a serlo para siempre.