martes, 11 de octubre de 2016

¡MALDITA SEA!

Hoy estoy como una perra en celo y me encuentro en una ciudad sin amigos para poder calmar estas putas ganas que tengo de ser culiada.

No puedo quejarme de la habitación que me han dado, da justo a la calle y el registro de la ciudad es realmente hermoso. Paso los canales y realmente no hay nada que merezca mi atención, más bien me enciende más estos deseos.

Pienso que debería salir y hacerlo con el primer extraño que me apetezca, pero temo devorar por el primer pito que sienta cerca.

Ingreso a mi página favorita de porno, he decidido que hoy realizare un viaje de expedición al interior de mi concha.

El sólo abrir la página y ver pequeñas imágenes de los vídeos, pollas, culos, tetas, bocas, siento mi corazón acelerarse y mi humanidad comienza a contraerse mientras siento como me humedezco.

No puedo evitar enviar mis dedos a la boca para luego sobarlos en mi conchita rosada, me siento en el escritorio y me he quitado mis bragas, tan solo me dejo mi pequeña bata que todo lo deja a la vista.

El vídeo que elijo es de una chica provocativa que realiza un baile para mí, está completamente desnuda, veo su conchita la cual abre cual especialista y torturadora, su culo redondo cómo lo mueve, mmm y me deja ver su pequeño hoyo. 

Cómo quisiera estar con ella para meterle mi lengua en esa conchita rosada y mis dedos por su culito.

Me mira provocativamente y como quien va a realizar una maldad trae consigo un vibrador que introduce lentamente por su cavidad, yo saco de mi bolso un hotGvire que he comprado en el aeropuerto. 

Me lo pongo entre mis dedos, estoy temblando, lo que veo me tiene a mil, quisiera besar esas grandes tetas, chuparlas y dejarlas por un buen rato dentro de mi boca.

No puede dejar de verla, mientras me introduzco los dedos, estoy súper excitada, el vibrador ha pasado la primera prueba, me tiene a mil, entro y saco mis dedos, mi gallo esta durito, a la vez que observo el de la joven, como se ve de rico y jugoso, estoy mojada, siento que sale y sale liquido de mi cueva, pero no puedo parar, los movimientos se tornan similares, es como si pensáramos llegar juntas, gimo, grito, me toco fuertemente mis tetas, no puedo soportar lo que siento y veo.

Qué coño tan delicioso, y mientras me venía, sólo puede aumentar la intensidad de mi orgasmo cuando vi que de su concha salir un chorro gigante, mientras gritaba satisfecha.

Esa chica la hice mía esta noche y con ella calmé esas ganas sin freno que tenia.


¿Y tú estarás cerca para mañana?

martes, 19 de abril de 2016

CITA PARA TOMAR EL TÉ

Hace ya 15 años salimos del colegio, hoy todas nos encontramos alrededor de los treinta.

Vanesa me contactó mediante las redes sociales, ella siempre fue muy llamativa, no sólo por tener varios chavales detrás de ella, sino también por iniciar nuestros conocimientos en el mundo de la pasión y coquetería.
Por las fotos observaba que seguía siendo hermosa pero me moría de la curiosidad por conocer un poco más de su vida, confieso que el cotilleo es algo que a casi todas las mujeres nos encanta.

Al llegar me sorprendió: Vanesa seguía siendo una mujer hermosa, tal y como en el colegio. Su manera de caminar, contextura, cuerpo, cabello hacia que su presencia no pasará desapercibida para ningún hombre o mujer del café.

Después de intercambiar experiencias laborales, académicas, llegamos a un tema que sabía no faltaría tratándose de Vanessa: su vida de pareja pero en el campo sexual. Me mostró fotos de su esposo, el cual estaba de muerte, la verdad envidié a mi compañera una vez más.

De todas las experiencias que me contó, hay una que se me quedó clavada en mi mente, sé que no la podré vivir jamás con mi esposo, pero tengo la esperanza que algún día pueda conocer a un hombre que me alcahuetee y me acompañe activamente en ella.

Sucedió el 4 de enero de este año, su esposo llegó a casa con un par de la oficina radicado en Londres. Ella se encontraba leyendo en el sofá de la biblioteca un libro que había logrado despertar su curiosidad “El gran libro del sexo” lo había comprado aquella mañana en la Casa del Libro de la Gran Vía.
Como no esperaba visitas se encontraba con una camiseta blanca que dejaba ver claramente su sostén de encaje, un short corto, puesto que tenía encendida la calefacción.

Sintió la llegada de su esposo, quien de manera casi inmediata mencionaba su nombre para saber si se encontraba en el hogar, se paró y con el libro en mano se desplazó  a saludarlo. Cuál fue su sorpresa cuando vio que estaba acompañado de un hombre maduro bastante conservado.

Pidió excusas por su manera de vestir y sin pensarlo, mostró la carátula del libro para explicar que estaba leyendo y que buscaba comodidad para disfrutarlo. Su esposo sonrió y le dio un beso apasionado en frente de Peter.

Se retiraron los abrigos y colocaron las maletas en la mesa del pasillo correspondiente a la entrada. Pasaron a la barra para servirse una copa de vino, Vanesa sentía las miradas de lujuria de su esposo y, lo que era incómodo, de Peter también.

Mariano, su esposo, dejó su copa a un lado y le extendió sus brazos para que Vanesa diera los cuatros pasos que lo separaba, al llegar a él la abrazo por la cintura y le dijo a su oído, ¿te ha gustado Peter?, te lo he traído para que lo disfrutes, ¿te gusta la idea mi amor?, su boca se posó en su cuello dándole pequeños mordiscos como si quisiera anticiparle lo que estaba por vivir.

Vanesa me comenta que sintió grandes corrientazos por su cuerpo, especialmente en su sexo que empezó a lubricarse.

Pasaron  a la sala en donde suavemente Mariano le quitó las pocas prendas que llevaba puestas. Tomó su corbata y cubrió con ella los ojos de Vanesa, como quien desea despistar a la presa.

Ella tan sólo escuchaba las expresiones de morbo pero cargadas de deseo que decían Mariano y Peter, ellos podían observar como su vulva crecía de tamaño al igual que sus pezones.

Sintió una mano fuerte tocar su pecho izquierdo, mientras otra distinta tocaba el interior de sus genitales, comenzó a gemir. Era imposible saber cuál era la mano de su esposo y menos los labios que comenzaron a cubrir sus cuello y pecho o aquella que comenzó a meterse en su conchita.

Sus manos estaban paralizadas tomando fuertemente el cojín que se encontraba en su cabecera. Logró diferenciar que Peter estaba a su izquierda por la manera como respiraba, así que aprovechó y busco con su mano izquierda su verga.

La halo contra su boca pero prefirió arrodillarse, comenzó a metérsela hasta el fondo, hasta sus guevas las entraba y chupaba, - “estaba rico, delicioso” me comentó Vanesa, en quien observaba algo de morbo y placer mientras continuaba narrando.

Peter me tomaba del cabello para sentir que mandaba el ritmo de mi autopenetración, mi esposo abrió mis piernas y comenzó a lamerme el culo y meterme poco a poco sus dedos dentro de él.
Estaba tan mojada, mi respiración era cortada por mis gemidos mientras me comía ese fino pistón.

Mi esposo me tomó en cuatro y comenzó a penetrarme el culo mientras seguía chupándosela a Peter, las manos de Mariano golpeaban mi culo mientras que las de Peter halaban fuertemente mi cabello. Entraba a romper esa verga de mi esposo, sentía que dentro me estallaba, me quemaba, pero de ese chimbo de Peter lograba saborear sus jugos seminales una y otra vez.

Sorpresivamente Mariano me levanto tomando mis tetas, me inclinaba y enderezaba, era un dolor intenso pero excitante, me quitó la venda y mi primera imagen fue la de Peter sacándole brillo a su gran bastón, así que me incorpore y me senté encima de Peter dándole la espalda, metiéndome toda su gran verga por mi conchita, tomé con mis manos el chimbo de Mariano y comencé a brillarlo con mis labios, con mi lengua. Sentía que me venía una y otra vez.

Le indique a Mariano que se acostará, quería cabalgarlo, posé mi pecho sobre el suyo para llegar a sus labios, cuando Peter me abrió las piernas, colocó una de sus manos en mi espalda y me montó irrumpiendo mi huequito, sus huevos me tocaban fuertemente. Mis gemidos eran fuertes, sentía que me moría, las gotas de sudor recorrían mi cuerpo, la garganta hacía casi imposible modular palabra. Podía sentir como todos tres estábamos que estallábamos. Primero llegó Peter quien lleno de lava blanca todo mi culo, luego como dos amantes cómplices Mariano y yo.

Los tres sobre el tapete quedamos estáticos, el olor a sexo delataba nuestro gran encuentro.

Una vez me duché y estaba arreglada, digna para la cena, departimos un delicioso plato en compañía de Peter, un gran amante. Esperamos nos visite el próximo mes cuando deba venir a trabajar con Mariano”. 


martes, 12 de abril de 2016

ENCUENTRO FUGAZ A LA 1:40 P.M.

Acabábamos de terminar la cena, la de hoy, aunque cerró con varios ceros el negocio, se tornó aburrida; de esas que uno no ve las santas horas de firmar, estrechar la mano y pasar al cuarto para tomar una siesta.

De repente, de la mesa diagonal, se levantó una joven que dejó a los comensales con la garganta seca. Su falda negra era tan chiquita que dejaba observar sus bellas piernas y realizar una expedición a su interior, su blusa de manga larga enmarcaba su pequeña cintura y en su escote se pavoneaban sus grandes pechos.

Me sentí afortunado cuando pasó a mi lado, rosando mi hombro con su cadera.
-Disculpe – me dijo mientras sus grandes ojos y su boca chica expresaban una pequeña muestra de coquetería y timidez.

No puedo explicar mi reacción, tal vez porque estaba obnubilado ante su belleza y sutil inocencia. -¿Quieres que te escolte?, no quisiera que te pasará algo en el toilet-, le contesté.  

Jamás pensé que aceptaría tan peligrosa propuesta, sin embargo, asintió con su cara y extendió su mano para que fuera tomada por la mía.

Caminamos por medio de las mesas hasta llegar al pasillo, las miradas de los asistentes podía percibirlas a mi espalda, me sentía único y afortunado, estaba tan cerca de ella que podía sentir el olor de su cuerpo, ver como se movía, lo cual cada vez me ponía más cachondo.

Al final, ya cuando las puertas de los baños se enfrentaban, me dijo:  – no suelo caminar con extraños, así parezcan un sueño –
No pude evitar sonrojarme, me sentí como un chiquillo a pesar de posar en mi rostro mis cuatro décadas de existencia.

Acercó su cuerpo al mío, su rostro descansó en mi pómulo derecho por un instante mientras murmuró: – Soy Karen. Puso su oído junto a mi boca como quien desea continuar una cercana conversación. Me llamo Alberto – contesté con una voz que me abochornaba por lo quebrada que sonó.

-¿Quieres escoltarme adentro?, temo golpearme o desmayarme estando sola –. Yo tan sólo luchaba por respirar de manera normal.

Tomó mi mano, abrió la puerta e ingresamos al baño para personas con discapacidad.
Me sentía tan idiota, mis pensamientos no coincidían con mi actuar, ella lograba 
intimidarme.

Desabotonó lentamente su blusa y comenzó a tocar sus grandes senos a través de su sostén, su mano subió la falda mostrándome su tanguita. Bajó la cremallera de su falda, al caer, con su sandalia en su pie, la colocó a un lado.
Comenzó a lamer sus dedos y a metérselos en su concha; el panti, a un lado, sostenido por su otra mano. Tenía sus ojos cerrados y su boca era lamida por su lengua lentamente. Se retiró la blusa y la puso sobre el lavabo, se sentó en la taza y volvió a meter sus dedos, esta vez causándole un vaivén. Yo quería metérsela, pero no sabía si lo único que ella quería era volverme loco sin participar activamente en la faena.

No me miraba, tan sólo se daba placer, comenzaron a caer pequeñas gotas por su cuerpo y se veían sus pezones rígidos y parados; quería cogerlos, devorarlos, morderlos.

¡Qué crueldad, cómo es posible que sea un observador no más!
Dios, estaba que moría y más cuando su respiración empezó a cambiar y los gemidos dieron entrada a un baño de fluidos en sus dedos, ¡que bella se veía!
Abrió sus ojos y como quien se apiada del ganoso, me bajó la bragueta e introdujo su mano en búsqueda de mi gran bestia.

Lo introdujo en la boca, su lengua trataba de introducirse en mi orificio, su mano iba y venía hasta el inicio de mi verga, yo tan sólo sentía cómo mis piernas comenzaban a temblar, y le susurraba: – que bien lo haces –. Ella sólo sonrió mientras me miró a los ojos y como toda una profesional continuó.

-Quítate la ropa- me dijo mientras continuaba comiéndose mi verga.
-Arrodíllate-, me dijo, abrió sus piernas y colocó sus pechos sobre el lavabo, comencé a besarle su culito a meterle mis deditos adelante y atrás, estaba tan ganosa, lo sentía por los sonidos, me dijo: -acuéstate- y comenzó a clavarse mi pene en su cuenquita, bajó su pecho apoyando sus manos en el piso, Dios esa mujer era multiorgásmica y quería más.

Tomé sus nalgas para abrirlas y cabalgar haciendo yo el movimiento, sentía como limpiaba mi pene en su chimbita, bajó su cabeza y comenzamos a besarnos, su lengua entraba en mi boca y yo la succionaba como quien desea robarla.

-Culéame, méteme esa verga, quiero que me rompas- Abrí nuevamente su culo y lo entré sin pausa, un grito de dolor salió de su boca, -¿quieres que pare?- le pregunté.

-No, sólo cabalga a esta potra-. Sus palabras  me electrocutaban, la bajé sin sacar mi chimbo de su cueva y la pasé a mi frente, le tomé su pierna izquierda y la levanté para facilitar que entrará bien adentro y duro como me lo pedía.
Estábamos inundados de fluidos, nuestros cuerpos sudados querían más.
Baje la pierna y me puse encima para comenzar a darle palmadas en su apretadas nalgas, se venía una y otra vez.

-Acuéstate- y tomo mi pene llevándolo nuevamente a su boca. Paró y se puso en cuatro, -vuelve a culearme-, esta vez la traía y llevaba, veía su espalda suave, su cabello al lado de ese bello rostro.
Estaba desesperada, tocaba con sus manos el cabello, presionaba las baldosas.
-Pégame- decía, mientras sacaba saliva de su boca y tocaba mi pene.
Se volteó y se abrió de piernas, e introdujo sus dedos en su conchita, su mirada me ordenaba que entrará ahí, en ese huequito lleno de líquido, metí mi animal sin temor, se sentía caliente y húmedo, sus tetas estaban allí para ser tocadas, devoradas por mí.

Su pierna izquierda sobre mi hombro me ayudó a entrar con más fuerza, sus manos apretaban mis nalgas como quien no quiere despegarse.
Con mis manos presionaba sus tetas, su vientre con fuerza, lo entraba y lo sacaba a una velocidad que quemaba pero que hacía que quisiera más, no quería que acabara. Sus gemidos hacían que me sintiera un toro, un hombre deseado.

Comencé a sentir que me derramaría y ella lo sintió también porque me pidió que aún no.

Lo saqué y toqué fuertemente la punta, besé sus tetas por unos instantes mientras introducía mis dedos en su concha.
Me acostó y comenzó a cabalgar de espalda como quien doma un animal. No podía más, sentir mi chimba en su cueva me excitaba tanto que temía no poder soportarlo.
Pero su maldad fue más allá de lo imaginable, tomó entre sus manos mi verga y lo introdujo en su hoyito, ¡cómo poder soportarlo!, juro que lo intente, pero ya estaba demasiado ebrio de pasión como para evitar la erupción de mi jugo blanco.

No podía moverme, tan sólo observaba como se volteó y limpió con su boca mi pistón, que aún estaba erecto.

No podíamos hablar estábamos secos de garganta.

Karen se vistió y salió nuevamente a su mesa.
Cuando llegué a la mía, allí estaba en medio de sus amigos y yo en medio de mis colegas.

Su mirada disimulada permitió que nuestras miradas se cruzaran.  

viernes, 18 de marzo de 2016

ESPIANDO A MI VECINA

Si en alguna oportunidad alguno de nuestros amigos tan siquiera propusiera espiar a mi vecina, pensaría que están locos y tal vez me liaría un poco.

Sin embargo, hoy en medio de la mañana, la imagen de mi vecina Lorna captó mi atención, no podía creerlo, así que llamé a mi esposo Ómar para que disfrutara conmigo lo que mis ojos veían.
Lorna era una mujer agraciada pero jamás me había detenido a repararla, tendría unos 30 años, delgada, con un culo y unas tetas que por lo que observaba pararían el tráfico. Y por la respiración de Ómar notaba que no le era nada indiferente.

Lorna estaba sentada en un sofá al lado del jardín, tenía su vestido negro en la cintura, sus pechos estaban al aire y su panti dejaba observar parte de su gran vulva.
Sus manos estaban explorando cada rincón de su cuerpo, introducía suavemente sus dedos en la boca y comenzaba a masajear circularmente sus senos, su cara se deslizaba hacia atrás suavemente mientras sus manos tocaban su coño, podía ver sus largos dedos  deslizarse por su corte.
Estaba mojada y observé que el pene de Ómar estaba grande y con una de sus manos se tocaba disimuladamente, sabía claramente que la fiesta aún no había comenzado.

Lorna tomó un objeto brillante y se lo introdujo en su boca. – Mira cómo lo lame, ella quiere comerse ese gran pito que tienes, quiere mamártelo, chupártelo – La respiración de Omar se contraía, me gustaba sentirlo ganoso y excitado.
Suavemente Lorna introdujo el pene de metal en su concha, lo entraba y lo sacaba, de la misma forma en que comencé a tocar la verga de mi esposo.

Me excitaba verla con sus ojos cerrados, y aunque no escuchaba sus gemidos podía imaginarlos para complementar la escena. Su coño estaba abierto para nosotros, teníamos todo eso a nuestra disposición, me encantaba lo que veía. Se sentó y con sus ojos abiertos nuevamente, el objeto volvió a su boca, mientras con una de sus manos nos indicaba que quería que fuéramos.

Miré a Ómar como quien quiere tan sólo un estímulo para pasar la puerta corrediza y estar a su lado, pero él tan sólo me dio un beso mientras me metía la mano en mi concha y me susurro al oído: - ve y comete ese coño, bríndame un verdadero show, demuéstrale la perra que eres –
Quería devorar a mi esposo, sabía de mis gustos y me conocía tan bien que tenía claro que después de haber visto esa vulva, sería improbable para mí rechazarla.

Camine hacia ella con mi sexo húmedo, ansioso y deseoso de poseerla, mientras ella ya estaba sobre el sofá completamente desnuda explorándose una vez más su cuerpo con sus dedos.
No quería esperar, mientras me acercaba iba retirando las prendas de mi cuerpo, lo que quería era poder estrechar nuestros cuerpos hambrientos y sentir que desde casa Ómar me sentía.
Se paró para recibirme pero las palabras sobraban en aquel momento, comenzamos a besarnos mientras nuestras manos se desplazaban, empezamos a acercar el cuerpo de la otra, así nuestros pechos se tocaban fuertemente y nuestras conchas se frotaban. Comencé a besarle uno de sus pechos mientras mi mano tocaba su chocha, sabía que Ómar me observaba, que con su mano se masturbaba, pero que daría lo que fuera por ser la mía dentro de Lorna.

Suavemente la dirigí al brazo del mueble y con mi boca entre su intimidad le abrí sus piernas, quería que Omar viera la vulva que estaba a punto de devorar. Mientras le introducía mi lengua abría mis piernas para que observará mi culo abierto, deseoso de ser tocado. Le pasaba mi lengua, se la chupaba, la lamia, ella tan sólo se movía y gemía.

Mis labios besaban los suyos y al meterle mi lengua en su huequito sentía como la hacía mía, sus manos sostenían mi cabeza para evitar que dejara de darle ese placer, mis dedos iniciaron a explorar mi sexo, los pasaba rectos y duros entre mi culo y mi coño, haciendo presión en mi entrada, y separando mis labios, quería engañar a mi sexo de ser penetrado.

Su mano pasó a tocarse y frotarse fuertemente sus tetas, intenté pararme pero ella quería que la lamiera, chupara más. De un momento a otro se inclinó y me paro, comenzamos a besarnos, estaba a mil. Me giro y me sentó en el brazo del sofá e inicio ella a explorar mi coño, no podía moverme estaba maravillada de cómo me comía, era una experta en mí. Quería abrirme para que no quedará ni un espacio sin que ella o yo disfrutáramos. Su lengua era mágica, ver sus ojos mientras su rostro estaba dentro de mí producía una excitación jamás vivida, metió tres de sus dedos en mi cueva y comenzó a moverlos y friccionar mi chocha, sus labios se los mordía y pasaba su lengua, era una chispa para mí.

Me pasó sus dedos mojados de mis jugos y me los introdujo en mi boca, para nuevamente regresar a mi coño. No puedo creer, olvidé que Omar me observaba y comencé a temer que pudiera sentir celos de esta nueva puerta abierta al placer.

Lorna me miro y como si de cómplices se tratase me invitó a sentarme frente a ella, sus dedos comenzaron a introducirse en su coño, se estaba masturbando para mí, así que yo comencé a darle el mismo placer que me ofrecía.

Ese cuerpo perfecto, sus grandes tetas, su hermoso culo todo estaba a mi vista, verla masturbándose para mi, hacía que me mojara una y otra vez.
Se acostó en el piso boca arriba y me pidió que me arrodillara y le ofreciera mi concha, mientras que yo me inclinaba y saboreaba al igual que ella, el elixir del mejor sexo jamás tenido. Era tan alto el nivel de sensaciones que no podía concentrarme, mi coño abrigaba su lengua y mi culo sus dedos, sentía estallar y por otro lado mi boca se comía esa gran chocha, a la que obligaba a abrirse para ver sus huequitos y comérmelos todos.


Nuestros cuerpos comenzaron a contraerse fuertemente, nuestros dedos colaboraron para terminar el gran festín; gemimos, nos retorcimos pero yo quería venirme a chorros frotando nuestros coños y besándonos como cuando me recibió en su jardín.


¿TAL VEZ FUE LA GINEBRA?

En medio de la conversación acompañada ya de unos cuantos tragos de ginebra y tónica, hace un mes exactamente, sentí que Any comenzó a mirarme distinto, lo extraño para mí fue que la comencé a ver diferente, me atraía, ver su boca rosada me despertó unos deseos inimaginables por besarla.

No me atrevía a insinuar nada, y menos teniendo en cuenta que Any nos había invitado a Tom y a mí para departir y conversar sobre nuestro laborío, en fin, departir un rato entre amigos.

Pedí a Any prestado su baño, allí pude darme cuenta que estaba inundada, no pude evitar pasarme mis dedos para intentar darme un poco de lo que deseaba. Me lavé mi cara para ayudar a despejar mi mente, pues mi cuerpo ya sentía venir algo distinto.

Al llegar nuevamente a la sala, la imagen que observaba no la podía creer, Any estaba besándose con Tom. Nuestro Tom había sido nuestro compañero por más de seis años y jamás había pasado algo entre nosotros; acampar, tomarnos unas cañas, estudiar hasta tarde, ir a cine, habían sido actividades usuales sin que se presentara un enlace íntimo entre nosotros.

Pero lo que más me sorprendía era el grado de placer que esa escena me producía. Any se levantó del sofá y me extendió sus brazos, yo sólo caminé hacia ella. Una vez frente a ella, tiernamente corrió los cabellos que tenía sobre mi cara, tocó mi mejilla y su mano de depósito alrededor de mi nuca y muy sutilmente me inclino hacia ella. Mi corazón estaba a mil pero mi cuerpo se encontraba inmóvil, sus labios tocaron los míos y ellos comenzaron lentamente a responder a sus caricias.

Sus manos empezaron a tocar sutilmente las tiras de mi blusa y brasier, deslizándose lentamente sobre mi brazo, lo que permitió dejar al descubierto parte de mi busto. Su boca comenzó a rozar mi cuello, haciendo que mi cabeza se inclinara para no estorbar o impedir sus besos.
Tomó mi blusa desde la cintura y la fue recogiendo, sumándole mi brasier, las subió y sin una sola palabra entendí que debía subir mis brazos para contribuir en la despojada de aquellas prendas que impedían continuar. Mis pechos al aire, requerían compañía y como quien imita un comportamiento realicé los mismos movimientos para retirar de su cuerpo la camiseta blanca y su sostén.
Sus labios nuevamente se acercaron a los míos, nuestras tetas erguidas y duras se tocaban, no podía dejar de besarla y tocar su espalda, estaba tan excitada que me era imposible pensar en otra cosa distinta a ella.
Seguíamos besándonos como si nuestros labios fueran imanes, mientras nuestras manos mutuamente acariciaban los senos de la otra. Sus tetas eran redondas y erguidas, su pezón estaba duro y protuberante, los masajeaba temiendo revelar mis deseos por tenerlos en mi boca.
Any bajo sus manos e inició a retirar mis jeans y pantis, me apoyé en sus hombros para levantar una y luego la otra pierna, con el fin de facilitar su objetivo.

Ella se levantó lentamente y nuevamente su boca fue depositaria de mi saliva, quería en un beso que sintiera la locura que por dentro sentía. Sus manos guiaron las mías y comprendí que debería ayudarle a retirar de su cuerpo las pocas prendas que aún tenía encima. Me temblaban las piernas, las manos al sentir su conchita al aire libre, frente a mi rostro. Quería tocarla pero temía asustarla, no sabía cómo debería actuar.

Me incorporé en mi postura inicial como quien espera indicaciones de su instructora. Any me llevo con dulzura tomada de la mano a sentarme sobre la alfombra grande que se encontraba en medio de los dos salones, e invitó a Tom quien ya estaba sólo con su bóxer.

Tom se acostó boca arriba dejando su rostro cerca de mi conchita, mientras que Any gateaba entre sus piernas para alcanzar su mástil, al llegar podía verse cómo su pene estaba en su máxima expresión. Con su boca lo buscó como quien desea comprobar su hipótesis, le retiró su prenda y el falo se levantó.
Tom con sus manos buscó mi cueva y comenzó a explorar con sus dedos, mientras yo observaba cómo Any introducía esa verga una y otra vez en su ganosa boca, mis manos volvían una vez más a buscar sus senos, comencé a apretarlos y masajearlos.

No sabía que me tenía a punto de explotar, si el que Tom pasara sus dedos por mi culo, me introdujera sus dedos por mi concha y el que me golpeara fuertemente mis nalgas, o ver la cara de placer de Any y Tom, o mejor aún, tener las tetas de Any en mi boca.
Any me miró y me indicó que era hora de chupar esa gran verga, mientras ella succionaba sus testículos era imposible evitar que nuestras lenguas se unieran y robarnos un beso apasionado mientras reemplazamos nuestras bocas con las manos en el pene de Tom.

Los labios de Tom se veían sedientos, ganosos, lo que me invitó a arrodillarme a la altura de su rostro y dejar caer mi clítoris. Any me siguió y a mis espaldas se clavó la verga en su concha. Aunque no podía ver a Any sentía su excitación a través de Tom.

Los dedos de Tom abrieron mis labios mientras su lengua perforaba mi coño, su lengua iba y venía al ritmo de la cabalgata de Any, mis jugos ya estaban esparcidos, y temía no poder con tantas sensaciones, los gemidos eran dominantes y envolvían en deseo. Sin entender cómo estábamos las dos de rodilla ofreciendo nuestros culos a él.
Comenzó conmigo introdujo ese gran pito en mi hoyito y con sus manos perforaba el culo de Any, gemimos ante un dolor placentero mientras volvíamos a unir nuestros labios.

Nos giramos y solo podía colocar atención a el cuerpo de Tom, jamás me había precavido de sus músculos marcados, jaló la pierna derecha de Any mientras le introducía su verga en la conchita. Yo no podía desperdiciar la oportunidad de tener nuevamente sus tetas en mi boca, ella pedía mi boca sobre la suya, nos besamos una y otra vez.

Le pedí a Tom que se acostara, quería sentir otra vez su falo pero en mi vagina, mientras Any recibía la lengua de Tom en su chocha.
Con dulzura y caricias en mi espalda y cuello Any me indicó que me bajara y comenzó a chupar la verga de Tom mientras comencé a acariciar con mis manos su concha. - mira cómo me como tus jugos, estoy saboreando el sabor de tu coño - me susurro Any, de manera agitada pero con gran excitación, tanta que logró que los tres de manera armónica nos derramaramos.

Hoy estoy ansiosa por verlos pues quedamos de encontrarnos en el apartamento de Tom para compartir unos buenos tragos de Ginebra.


jueves, 17 de marzo de 2016

A TREINTA MIL PIES

Como hábito, en los vuelos de trabajo solicito la silla ubicada lo más adelante posible y contigua al corredor, con el fin de desembarcar rápidamente y tomar sin complicaciones mi maleta de mano.

En el vuelo de ayer de Madrid a Roma el avión contaba con 5 sillas por fila, al lado derecho del avión tenía dos, mientras que en el izquierdo tres.

Cuando llegué a mi puesto, a mi lado se encontraba una mujer muy atractiva, de cabello castaño, piel canela, vestida informal pero elegante, llevaba sus lentes oscuros sobre el cabello, su falda ligeramente alta dejaba ver unas piernas torneadas.

Coloque mi maleta y el blazer en el compartimento superior, me acomodé en la silla, abroché el cinturón de seguridad y comencé a leer el diario. 

Poco después, el avión carreteaba llegando a la cabeza de la pista, comienza la aceleración para el decolaje. En ese momento mi compañera de viaje agarró mi brazo con su mano y me susurro 
- Puedo apretar su brazo, le tengo pánico al avión. Si me permite agarrarlo me sentiré más tranquila -. 

Asentí con mi cabeza mientras le decía que podía tomarme el brazo con confianza e inicié una amistosa conversación para tranquilizarla. Me comentó que vivía en Roma, que el motivo de su estadía en Madrid  fue para compartir parte de sus vacaciones con su familia. Continuamos hablando de temas diversos, el avión llegó a la altura de crucero y por unos minutos el vuelo se conviertió en una experiencia relajante y tranquila para mi compañera.  

De la nada, se abrió el altavoz para dar indicaciones:
-Le habla su capitán, por favor abróchense sus cinturones, nos aproximamos a una zona de turbulencias, muchas gracias-. 

Alicia, que así se llamaba mi vecina, me tomó del brazo con las dos manos, levantó el descansabrazos y acercó tímidamente mi cuerpo al suyo. Mi reacción fue hablarle suavemente al oído para calmarla. Tenerla tan cerca me permitió sentir el aroma de su piel y el sutil olor de su perfume.

Nos quedamos por un buen espacio de tiempo inmóviles, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.
Ya sin el indicador de cinturón encendido, las luces del avión se apagaron, pero entre nosotros se divisaba una ola de inquietud traviesa, nuestros límites se confundían y estábamos clavados el uno en el otro - siento frío – me susurró sin moverse.

Como buen caballero y con el ánimo de cuidarla, llame a la azafata y le pedí una manta. 

Abrí la cobija y cubrí con ella nuestros cuerpos, pasé mi brazo por encima de sus hombros y sutilmente atraje su tronco hacia mí. Percibía que ella necesitaba que la consintiera, toque sus  sienes y su cabello, su cabeza se apoyó sobre mi pecho. Estaba fascinado con su belleza, cuando de repente, ella puso sus manos sobre mi abdomen, busco la abertura de mi camisa y la desabotonó lenta y  suavemente, sus manos tibias iniciaron a explorar mi pecho, pero cada vez con una fuerza contagiosa. 

Tomé su cabeza y comenzamos a besarnos cada instante con mayor intensidad, ya mi camisa estaba abierta y mi pecho era totalmente de ella. Su mano tomó la mía, y la introdujo dentro de su blusa para que acariciara sus senos. Eran suaves, redondos, calientes, sus pezones parados y duros hacían que mi verga comenzara a erguirse. 
Continuamos besándonos loca y apasionadamente. 
Su hechicera mano soltó mi correa y los dos botones de mi pantalón, bajó la cremallera y comenzó  a coquetearle a mi mástil, el cual sólo se preocupaba por no demostrar su nivel de excitación; pasó la yema de sus dedos por la cabeza, la rozó una y otra vez generándome un placer indescriptible, sus dedos me torturaban, sentía dificultad para contenerme.

Como si leyera mi pensamiento introdujo toda la mano para agarrar el racimo que colgaba; vibré, me retorcía en mi silla, mi respiración se agitó y mis pulsaciones se aceleraron.
Quería brindarle placer y de paso ir más allá de sus pechos, bajé mi mano hasta el nivel de su muslo, y comencé a subir lentamente su falda, con mi índice deslice hacia un lado su tanga de encaje, necesitaba llegar a su copa rebosante de jugos. Sentí su clítoris hinchado, duro, caliente, pasé mis dedos de arriba a abajo, los introducía y sacaba y comprobé la humedad de su conchita, comencé a escuchar sus pequeños gemidos y a sentir como se contraía su respiración.

Sus  pequeños movimientos de pelvis eran acordes a las presiones que le daba a mi falo, la pasión hacía que cada uno moviera su mano a mayor velocidad. Los dos estábamos en el máximo del éxtasis, nuestros labios se buscaron pero no alcanzaron, juntos estallamos sin poder contenernos, mi leche bañó su mano y sus jugos humectaron la mía.

Quedamos inmóviles, exhaustos por unos 10 minutos. 

Alicia, se acomodó en la silla con suavidad, se arregló la ropa y me susurró al oído - Te espero en el baño-.

No pude evitar ver detalladamente su cadera cuando pasó frente a mi rostro, la observé nuevamente mientras caminaba por el corredor hasta la cola del avión.  Esperé hasta que ingresó a uno de los lavabos ya que quería saber con exactitud el lugar de nuestro encuentro. 

Me incorporé y me dispuse a cumplir mi cita. Al llegar observé que la puerta no tenía seguro, ingresé y en un abrir, y cerrar de ojos, sus brazos rodearon mi cuello, y sus labios reclamaban el beso ausente.

Sentía que ella quería devorarme y que percibía las ganas que tenía de cogerla.

Tiramos a un lado la parte inferior de nuestra ropa y emprendimos a acariciamos con nuestras manos como quien confirma a través del recuerdo la identidad de su amante.

Se colocó de frente al lavamanos y como en un acto de magia, logró agacharse en aquel espacio tan reducido para ofrecerme su copa lubricada y caliente; mi émbolo totalmente erguido penetró y llegó hasta el fondo de su fuente jugosa, caliente, ganosa y apretada.

Nos movimos rítmicamente entrando y saliendo cada vez más rápido y con mayor intensidad, sentíamos como si  el avión pasara por una zona de gran turbulencia, mientras la bombeaba con energía apretando sus tetas, besando su cuello; el movimiento se sincronizó, sentía el fondo de su cueva, olía su sexo, no podía más. Nuestros jugos rodaron por sus piernas, juntos en el mismo instante llegamos a la cima del placer. 

Ella salió primero; me esperé prudentemente un par de minutos, volví a mi asiento.
Colocó su cabeza sobre mí y durmió plácidamente mientras acariciaba su cabello. 

Tal vez, pienses igual que yo en estos instantes, que fui un tonto por no indagar más sobre ella. Sólo sé que se llama Alicia y que mi pito quiere nuevamente albergarse en su cueva.