No podía mirar hacia ningún lado
en mi agencia, sentía cómo el temor invadía mi ser, ante la aprehensión de esa gran placidez y
gozo que me esperaba.
Tal vez, pienso ahora, mi temor
era la pasioncilla que provocaría ante mis compañeras de cotilleo, porque sabía
que ese macho era de fina verga.
- Estoy dando el giro - se
escuchó la voz de Octavio al otro lado del teléfono.
Lo que me llevaba a reflexionar
que estaba a tiempo de recapacitar y frenar esos deseos salvajes por sentir sus
besos en mi cuello, sus manos en mi cuerpo y su desconocida polla en mi concha.
Su coche describía su
personalidad, seguro pero aventurero.
Todo lo que me decía provocaba en
mí un hormigueo debajo de mi falda, temía que el olor de mis pequeños flujos
delatara lo ganosa que me encontraba.
No éramos unos chiquillos,
sabíamos lo que sucedería una vez pusiera mi cuerpo dentro de su auto. Condujo
calmadamente por Paseo de la Extremadura, no me atrevía a preguntar cuál sería
nuestro destino final sólo tenía certeza que contábamos con dos horas para
vivir la experiencia.
El tiempo era eterno, nuestro silencio
cómplice y travieso nos llevó hasta llegar al hotel NH en Paseo del Prado. En
mi cabeza escuchaba la voz de la joven mientras hacíamos la petición de una
habitación. Mis labios estaban secos, ansiosos, mi cuerpo, sin haberse tocado,
ya estaba en ebullición.
Al llegar al cuarto no podía
esperar, me despoje de la ropa, acción que él también realizó.
Sus fuertes manos rodearon mi
cuerpo, mientras me besaba. Sus dedos quisieron iniciar a explorar mi cueva, yo
sentía que me iba a derramar, mis movimientos incitaban a que sus dedos
ingresaran más adentro. No podía estar parada, requería apoyarme, mis dientes
mordían mis labios, mis manos no eran capaces de tocarle pero quería llevar su
polla a mi boca.
Me acosté en el sofá levantando
sutilmente mis pies, para que pudiera contemplar mis tetas erguidas y mi
conchita húmeda, fue así, como si adivinará mis deseos, se arrodilló a mi lado,
su mano derecha inició una vez más a jugar en mi conchita, mientras mi mano
derecha llevaba una y otra vez su pene dentro de mi boca… mmm lo chupaba, lo
succionaba, le pasaba una y otra vez mi lengua por su orificio, me lo lamía, quería que sintiera el placer
que en el instante dentro de mí se contraía.
Sus ojos observaban el placer que
irradiaban los míos. Me acomodó en el sofá mientras me besaba. Por la posición
entendí la faena que me esperaba.
Su pene apuntaba hacia mi pequeño
coño, lo entró de una, el recibimiento fue cálido y húmedo, sentía como esa
gran verga abría todo a su paso, me levantó la pierna para sentir que ingresaba
hasta el fondo, yo sólo podía emitir pequeños sonidos de placer... ¡Me rompes! pensaba
pero eso era lo que quería… su mano
comenzó a apretar mis tetas, y ellas querían ser devoradas, tomé mis manos para
alzar un poco mi cadera y que observaras, desde donde estabas, mi pequeño
hueco. ¡Dios, no quiero que esto termine! Pensaba mientras entraba fuerte y
lentamente tocando mi vulva… una vez más salían fluidos a cantaros de mis
entrañas, podía sentir cómo me recibía, su pene salía brillante por mis
líquidos.
Paramos un instante para que me
pusiera boca abajo, acarició mis glúteos mientras iniciaba la penetración hasta
el fondo con su verga, mi coño estaba ardiendo pero quería más, halaba mi
cabello, tocaba mi cuello, sentía no poder soportarlo, sentí un fuerte cambio
en su movimiento y fue allí como nuevamente como si estuviéramos tocando una
melodía, juntos llegamos a la plenitud, al éxtasis de nuestro secreto
encuentro…