miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tú, el jefe

Pensé en cuanto lo vi: ¡qué afortunada es Rebeca!. Yo, con un jefe así, trabajaría horas nocturnas, ¡qué digo! gratis a su lado estaría. 

Aquella pequeña sentencia e imagen quedó grabada en mi cabeza y peligraba mi cordura durante la noche. Un mes después, Rebeca estaba de cumpleaños y en su oficina le organizaban una celebración.

Yo feliz, no podía ser más oportuno, llevaba cinco meses sancionándome con mis recursos y la verdad ya era hora de una ayuda masculina.

Desde el día anterior, comenzó mi ansiedad, me preguntaba qué me debería poner, quería estar irresistible, seducir al jefe de mi amiga era lo que quería esa noche.

Luego de una larga ducha, en donde mis dedos se introdujeron lentamente en mi sexo como si anticiparan con seguridad lo que sería mi noche, allí me encontraba; frente a él.

Mi cuerpo lo reclamaba como si fuera de mi propiedad, quería cogerlo de una vez allí, que sintiera lo ganosa que por el me encontraba.

Después de un corto pero profundo saludo, su mano sutilmente toco mis nalgas, ¡qué digo yo! su culo. Le toqué fuertemente su mano y con mi mirada morbosa me delaté ante él.

 Era inevitable salir de allí, nos dirigimos a su oficina, y con tan sólo asegurar la puerta, ya encima del escritorio desnuda me encontraba, esperando la entrada de su sexo en mí.

Pero él quería ir más lento, después de un largo beso, colocó mi mano sobre su bragueta, mmmm su verga necesitaba salir, estaba que explotaba allí encerrada; mi boca recibió al gigante, una y otra vez se introducía en ella, observaba su mirada de placer, ¡era mío!. Mientras tanto temblaban mis labios a causa de la contracción de mi vulva, estaba sedienta de pene, lo quería dentro de mí.

Poco a poco fui comiéndome sus huevos, pero quería tener dentro de mi ese gigante. Me tomó de la cabeza para levantarme y se detuvo entre mis senos, mi cuerpo apoyado en su escritorio dejaba a su merced mis tetas, las que le apuntaban para retar su cordura.

Sin esperarlo, bajo sus labios por mi vientre hasta llegar a mi coño afeitado, me abrí a él, quería que me rompiera, que entrara hasta el fondo. Me subió  sobre su escritorio, quedé acostada bocarriba mientras él miraba todo el espectáculo, introdujo fuertemente su sexo en mi conchita, la cual estaba mojada, caliente y ganosa por él.

Mmm sentía que me quemaría, podía sentir sus dedos tocándome el culo, y poco a poco fue introduciendo uno de ellos, sentía morirme no podía dejar de moverme, estaba mojada y sentía que eso lo hacía sentirse más hombre.

Suavemente me volteó, quería ver mi culo, empezó a besarlo mientras me decía “¿has sentido antes un beso negro como este?”, yo no era capaz de hablar, sentía su lengua penetrando y cuando pensé que un poco de aire me llegaría, sentí su verga entrar por mi hoyo, al principio lento y poco a poco necesitaba que fuera más salvaje; quería que me domesticara, me rompiera... mmm.

Que placer sentía, tenía ganas de orinarme mientras él me agarraba fuertemente del cabello, me palmoteaba mis nalgas, llegue una, dos, tres… hasta que perdí la cuenta.

Mi culo apretaba su verga, quería hacer eterno ese momento, ¿quieres lo que te mereces mi perra divina? Esas palabras me hacían derramar nuevamente, quería lo mío, lo que me merecía….

Nuevamente me volteó y dejo derramar su semen sobre mi cuerpo…

Es imposible recordar sin dejar de excitarme…

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