martes, 27 de noviembre de 2012

EL SUEÑO


Me impresionó desde la primera vez que la vi; al caminar ondeaba como una palmera, moviendo sus caderas bien curvilíneas al ritmo de sus pasos y dejando ver unos senos grandes, parados y con una redondez frutal.

Con alguna frecuencia charlábamos, intercambiábamos información sobre nuestras vidas; cada vez que le dejaba saber que la deseaba, con elegancia, diplomacia e inteligencia evadía la respuesta. Además de su belleza física era atractiva por su inteligencia, suavidad, dulzura;  fabulosa y dinámica visión para los negocios en los cuales era tan exitosa como en sus actividades profesionales.

Mi sueño de tenerla, sentirla, acariciarla, disfrutarla y estallar juntos de pasión y de placer se había ido esfumando con el paso del tiempo, habiéndome conformado en mantener una buena amistad. Un día le escribí un e-mail para preguntarle por su vida y con sorpresa recibí la noticia de que se encontraba en Madrid  en un viaje personal repentino. Salimos a cenar y compartimos unas copas en un reservado bar de Calle Vallehermoso, entrelazamos nuestras manos mientras cada uno relataba los últimos hechos relevantes de su vida. Finalmente, al llevarla a su hotel esperaba un beso de despedida en la mejilla cuando con gran emoción sentí que nuestros labios se unieron en un rosario de besos intensos, apasionados que aceleraron nuestros corazones y el ritmo de nuestras respiraciones.

Entramos en la habitación unidos por las manos, estrechamos nuestros cuerpos y volvimos a unir nuestros labios, nuestras lenguas en una serie de besos llenos de pasión, los cuerpos se sentían y la respiración se convertía en un delicioso jadear.

Las caricias nos llevaron a irnos despojando de la ropa para permitir que nuestras pieles se conocieran y nuestros labios, nuestras manos y nuestra lengua realizaran una deliciosa exploración de cada centímetro de nuestros más íntimos rincones.

Nos sentimos, abrazamos, besamos y acariciamos con gran pasión, me deleité con la redondez y firmeza de sus senos y la textura de sus pezones, sentí la abundante lubricación de su sexo que facilitaba el movimiento de mi lengua y las suaves chupaditas de mis labios a su gallito agrandado y endurecido por la excitación, mi lengua continúo su exploración hasta sentir sus gemidos y gritos de placer y explosión en una serie de orgasmos que la llevaron al éxtasis.

Me colocó boca arriba, comenzó a moverse sobre mí invitándome para que acariciara sus hermosas y grandes tetas mientras mi miembro en su máxima expresión de tamaño y dureza entró en su túnel caliente y generosamente lubricado; comenzó una deliciosa cabalgata en la cual la velocidad y el ritmo fueron subiendo hasta que nuevamente volvimos a estallar llenándonos de gemidos, gritos y placer.

Colocó su cabeza sobre mi pecho, me pidió que la abrazara para sentirse segura y protegida y nos quedamos dormidos con la sensación de estar despertando de un sueño.

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