No hago sino pensar en nuestro
encuentro de hoy, durante el trayecto a tu casa, no dejaba de pensar que te iba
a comer hoy, mi verga estaba hinchada con ganas de echarte mi leche hoy.
Te veo llegar, no puedo creer que esa mujer sea mía, quería comerte a besos nada más verte bajar las escalas. Al subirte al coche, me sentí apenado cuando vi cómo observaste mi pito a explotar del pantalón. Pero sé que te encanta y temía a tus maldades, las cuales amo y cada vez me sorprenden más.
Te veo llegar, no puedo creer que esa mujer sea mía, quería comerte a besos nada más verte bajar las escalas. Al subirte al coche, me sentí apenado cuando vi cómo observaste mi pito a explotar del pantalón. Pero sé que te encanta y temía a tus maldades, las cuales amo y cada vez me sorprenden más.
No era capaz de hablar, sentía
que tus vecinos nos veían desde algún balcón o al cruzar por la calle. Esta
vigilante y cuando menos pensé tu boca estaba brillando lentamente mi chimbo,
no podía moverme, quería tomarla y castigarla, metiéndole duro mi verga,
hacerla mía, comerle su coño, hacerla sufrir de placer.
No era capaz de encender el auto,
su cabeza solo iba de arriba abajo. Saque fuerzas y comenzamos el camino a mi
apartamento, quería morirme cada vez que parábamos y tenia un carro más alto,
suplicaba que no vieran a Carla en medio de tan concentrada actividad. Su
lengua pasaba por mi cabezal y la introducía por el orificio, mi esfuerzo por
mantener la compostura se convirtió en un suplicio.
Entre a casa y en pleno
parqueadero, la cogí de la cabeza y la besé, quería comérmela desde arriba
hasta la punta de abajo. Sutilmente corrí la silla y me la monté encima, al
retirar su vestido, no podía reaccionar ante su brasier transparente y su panti
de hueco vaginal, podía verla desnuda, aunque vestida. No me quedó de otra que
atravesarla con mi verga, sin necesidad de desnudarla la penetré.
Verte gemir y llorar de placer,
tu vagina contraída, tus gritos y fuerza en los dientes, hacían parte del
concierto del deseo que vivíamos, yo por mi parte, te regalé toda mi leche
espesa en tu cavidad mientras mordía y tocaba fuertemente tus tetas.
Entramos a casa y otra vez comenzaste la faena…

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