Maldigo esta distancia y los días que siguen pasando y acentúan tu partida.
No nos dijimos adiós, pero nuestros cuerpos en silencio han quedado.
Murmuro a mi cuerpo que corrompe mis pensamientos, y como el vaivén de nuestros movimientos, retoma control en mí.
Vuelves a mí una y otra vez, para violarme, me tomas y posees a tu capricho.
Tan sólo recibo tu misiva retornándome pasajes de nuestras vidas.
“Mi pantera, créeme si te digo que yo pienso mucho en ti: tanta confesión, complicidad y placer es imposible de olvidar; eres como mi alter ego, mi molde, mi muelle de descargas. Echo en falta tu olor y tu calor, tu voz, tu sexo”.
Me cago en todo. Hp mi memoria que rebusca y encuentra saciar mis deseos ante tanta lujuria vivida.
Una y otra vez termino sobre la cama buscando encontrarte en mis adentros, humedezco mi coño esperando a que ingreses, como llamando a los feligreses ante la misa del domingo.
Ven aquí, compañero de pecado, deja tus penas y dolores en mis entrañas, deposita en mí tu leche, que sedienta mi cuerpo te aclama.
Ven y toca mi instrumento como sólo tú logras hacerlo, no hay músico que interprete las notas de mis partituras con mis deseos.
Deja que otros se ocupen del tiempo y la distancia, de los vaivenes de la vida y sólo permíteme convertirme una vez más en tu dama de compañía.
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